Se entiende que el “vinho de Madeira” proviene de la isla que se encuentra en pleno centro del océano Atlántico, a 575 km de la costa africana de Marruecos y a 850 km de la ciudad capital de Portugal, Lisboa. Es la llamada Isla de Madeira que se encuentra bajo protección portuguesa hace ya muchos siglos y en donde se producen vinos blancos y tintos normales, así como el famosísimo vinho Madeira.
La historia del vino de esa isla data ya de muchísimos años; se sabe que en el año 1704 la isla ya exportaba sus vinos en su estado natural y que el orujo (piel y semilla de la uva prensada de la cual se obtuvo el mosto para convertirlo en vino después de fermentado) se destilaba así como el exceso de vino no comercializado para obtener aguardiente de uva. Ya conociendo esa técnica del destilado, recién en 1753, según archivos, se comenzó con la producción de los vinos fortificados de Madeira, utilizando un sistema en el que a cada pipa (barrica de roble especialmente hecha para Portugal de 300 litros) se le adjuntaba un balde de aguardiente proveniente del orujo y del vino producido en la isla. Una vez realizada esta mezcla (el fortificado), recién entonces se exportaba el vino. Es el agregado de este balde de aguardiente el que le da esa característica única, excelente y tan apreciada hasta nuestros días, ya que en 1773 absolutamente todo el vino exportado de la isla tenía que pasar por el proceso de fortificación.
El vino maduraba en las pipas durante su viaje a Gran Bretaña (el mayor consumidor de la época), a las Américas y a las Indias Orientales hasta 1852, fecha en la cual los viñedos de la isla fueron devastadas por el Oïdium (oídio), hoy día ya controlado con productos químicos y con la poda de la vid.
El vino fortificado de Madeira tiene como gran ventaja el poder viajar sin mayores inconvenientes, adaptándose al movimiento y a las altas temperaturas mucho más fácilmente que los vinos normales y con ello el resultado es un producto de mejor calidad en el destino final, con un beneficio enorme para los consumidores.
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Las vides se plantan sobre suelo volcánico sin ayuda de parrales ni espalderos, ya que las plantas se sitúan así como así, salvajes, por las laderas de la isla. Unas 1600 hectáreas están plantadas con uvas Sercial, Verdelho, Boal y Malvasia y tienen un rendimiento de 90.000 hectolitros, es decir, 90 millones de litros, equivalente a 120 millones de botellas año. De toda esta cantidad, un tercio se exporta fuera de Portugal, un tercio se consume en el continente y el otro tercio lo consumen los isleños.
Otro punto interesante en el proceso de elaboración del Madeira es que, cuando el mosto está fermentando y alcanza los 9 a 11 grados de alcohol, se le fortifica, y luego se eleva la temperatura de la cuba gradualmente a 40/46 ºC, manteniéndolo así por unos seis meses. Después se deja descender la temperatura hasta quedar a temperatura ambiente para embotellarlo; de este modo, el vino tiene un ligero gusto a “cocinado” (como dirían los profesionales).
También el vinho de Madeira es la base para la famosa salsa Madeira (o salsa madera), que tanto se utiliza para acompañar carnes. La verdad es que me gusta tanto beberlo como cocinarlo para salsas.
A todos, ¡salud! y hasta el próximo sábado.
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