Todos los años, el tercer jueves del mes de noviembre, un fenómeno vitivinícola mundial ocurre en la región de Borgoña, Francia. Ese es el día del lanzamiento del vino festivo, fresco, liviano, superfrutal “Beaujolais Nouveau”, realizado preferentemente con uvas del varietal Gamay, aunque pudiera haber un toque de Pinot Noir en el vino. Evidentemente, es un tinto y uno de los mas consumidos en un cortísimo tiempo, ya que debido a sus características (porque es un vino para beberlo joven, muy joven) uno no lo deja envejecer y desea descorcharlo lo más rápido posible para así disfrutarlo plenamente.
Es un vino muy sencillo, las uvas fueron cosechadas a finales del mes de setiembre, tuvo una maceración de –máximo– unos siete días. Este proceso consiste en dejar el mosto de la uva de color blanco en contacto con el orujo “piel de la uva de color tinto” para que este vaya tiñendo el mosto hasta darle el color tinto deseado por el enólogo, lo que nos trae a los primeros días de octubre. Después, la fermentación continúa por un par de semanas más hasta que todo el azúcar del mosto se haya convertido en alcohol, dando como resultado un vino tinto nuevo para aproximadamente la tercera semana de octubre. Eso les da tiempo a los productores de vinos de la región para ocuparse de los otros vinos (que no son Beaujolais Nouveau) y que siguen fermentando en tanques, además de preparar la máquina embotelladora para la primera o segunda semana de noviembre.
Mientras más tiempo pueda el vino estar en el tanque, mejor para su calidad, pero el tiempo prima y todo debe realizarse muy rápido, ya que este pasado miércoles 20, varios aviones cargueros (algo así como once Boeing 747 cargueros) dejaron Borgoña en dirección hacia el mundo entero, repletos de botellas de vinos. De esta forma, los vinos estaban disponibles este jueves que pasó en los principales mercados de vinos del mundo como Japón, China, Estados Unidos y Gran Bretaña.
No es un vino caro, es más conocido por ser bastante económico en Francia, su precio en origen varía de los 3,50 a unos 10,50 euros para los más caros. Pero su precio va en incremento cuando llega a destino, debido a los altos costos del transporte aéreo (prácticamente la única forma de exportarlo de forma rápida, hasta destinos tan lejanos), no hay como no hacerlo así porque esa es la esencia de este vino, beberlo lo más nuevo y joven posible, para disfrutarlo al máximo.
Me encanta disfrutar este vino porque siento su esencia. Es ideal para beberlo así, solo, con un aperitivo, con una pasta o con carnes blancas, y lo que aún es mejor, a una temperatura fresca, diría algo en torno a los 8 o 10 ºC, muchísimo más fresco que los vinos tintos normalmente, algo que al paraguayo en general le gusta muchísimo.
No les prometo nada, pero puede que algunas de estas botellas lleguen al Paraguay. En años anteriores, la gente de Monalisa solía traerlo para clientes especiales y uno las conseguía aquí en puntos específicos. Aún no se puede saber si ocurrirá nuevamente o no, pero bueno, no todo siempre se puede y si este año no podré degustarlo, será una verdadera lástima.
¡Salud a todos! y hasta el próximo sábado.
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