12 de mayo de 2026

PARÍS - El consumo mundial de vino volvió a bajar en 2025, en concreto un 2,7 %, una tendencia casi generalizada en los principales mercados, lo que condujo al nivel mínimo desde 1957, mientras el comercio internacional también se redujo en línea con lo que viene sucediendo desde 2022.

El sifón de soda es un infaltable en muchas mesas paraguayas. La costumbre de cortar el vino con soda se instaló con los inmigrantes italianos y españoles a fines del siglo XIX: venían de beber vinos jóvenes, ligeros y, a veces, rústicos, y el toque de agua gasificada los hacía más frescos y amables para el clima cálido. Para los exquisitos es una herejía.

En Paraguay, donde el verano aprieta con temperaturas que superan con facilidad los 35 °C y la humedad nos acompaña, echar un cubo de hielo (o más) al vino parece, a primera vista, una solución práctica. Pero, ¿qué ocurre científicamente cuando enfriamos y diluimos así el vino?

La preferencia del consumidor paraguayo por los vinos argentinos no es novedad. Según datos de la Dirección Nacional de Aduanas, más del 70% del vino importado en Paraguay proviene de Argentina, consolidando este origen como líder indiscutido en las góndolas locales y la carta de bares y restaurantes.

En el suroeste de Francia, un laboratorio especializado produce vino sin alcohol con alta precisión tecnológica. El objetivo: responder al auge global de consumidores que buscan experiencias vinícolas sin graduación alcohólica, pero sin renunciar al sabor.