11 de agosto de 2026

Ocurre en Francia y en países en los que el vino es popular: sus habitantes tienen buena salud. Ya hace más de 30 años que se ha comprobado la veracidad de lo que hoy llamamos la “French paradox” (o paradoja francesa) y cada día surgen más informaciones científicas sobre los beneficios del vino en la salud.

Durante años, pedir vino con hielo en un bar era casi una herejía. Hoy, sin embargo, vasos altos llenos de cubitos, burbujas y tonos rosados, blancos o incluso naranjas se han vuelto protagonistas de las terrazas.

En los salones del histórico Gran Hotel del Paraguay, se llevó a cabo “Vinos con Destino: Enoturismo Argentino en Paraguay”. La iniciativa, organizada por la Cancillería Argentina y la Embajada de la República Argentina en Paraguay, contó con el apoyo de la Cámara Argentina de Turismo, Bodegas de Argentina, Wines of Argentina y la colaboración de la aerolínea Paranair.

El Día Mundial del Vino Tinto se celebra el 24 de noviembre de cada año. Este día especial se dedica a honrar una de las bebidas más antiguas y apreciadas del mundo, destacando su rica historia, diversidad de sabores y la cultura que la rodea. En Paraguay, a pesar de no ser un país reconocido por su producción vinícola, se aprecia profundamente el vino tinto y se celebran sus mejores cepas importadas.

El sifón de soda es un infaltable en muchas mesas paraguayas. La costumbre de cortar el vino con soda se instaló con los inmigrantes italianos y españoles a fines del siglo XIX: venían de beber vinos jóvenes, ligeros y, a veces, rústicos, y el toque de agua gasificada los hacía más frescos y amables para el clima cálido. Para los exquisitos es una herejía.

En Paraguay, donde el verano aprieta con temperaturas que superan con facilidad los 35 °C y la humedad nos acompaña, echar un cubo de hielo (o más) al vino parece, a primera vista, una solución práctica. Pero, ¿qué ocurre científicamente cuando enfriamos y diluimos así el vino?