Castigo ejemplar

Aunque la pena de muerte esté prohibida en Paraguay, muchas veces los castigos establecidos en nuestra ley parecen insuficientes para crímenes cobardes e inentendibles, como el secuestro del colono brasileño Alecio Dresch (73) y de su nieto Leonardo Farías Dresch (12). El último detenido por el caso contó que ya fueron asesinados, pero los responsables directos se niegan a contar dónde los enterraron.

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Don Alecio y su nieto casi adolescente fueron secuestrados el 23 de octubre pasado en un monte de la colonia Margarita del distrito de Nueva Toledo, departamento de Caaguazú, en el límite con el departamento de Alto Paraná.

Pese a que hubo un pedido de rescate de 300.000 dólares, las negociaciones nunca más prosiguieron y las víctimas tampoco aparecieron.

Los dos principales involucrados, los hermanos Josemar Borba Prussak (30) y Jozemar Borba Prussak (26), fueron capturados el 4 de noviembre pasado en San Alberto, Alto Paraná. En la serie de operativos también cayó Yesica Patricia Hoffmann López (23), quien es la actual pareja de Josemar, pero que llegó a tener un hijo con otro de los nietos de don Alecio. Igualmente, hubo otros tres arrestados, Darcy Longarett (41), Revair Ramos Ferreira (36) y Edson Duarte Ferreira (22), quienes serían los cómplices.

La Policía y la Fiscalía descubrieron mediante el análisis de los celulares de los hermanos Josemar y Jozemar que estos estuvieron en el mismo lugar del secuestro, a la misma hora. También se comprobó que ambos recorrieron por varios kilómetros con el celular del colono brasileño, después de que se reportara la desaparición.

Sin embargo, desde que los dos hermanos brasileños fueron enviados a la cárcel de Ciudad del Este, donde siguen encerrados hasta ahora, nunca quisieron contar qué hicieron de las víctimas.

Un poco de luz

El dramático caso, que pasó a ser el sexto secuestro en curso en el país, con los otros cinco de la zona Norte, ganó un poco de luz hace una semana cuando fue apresado en Paraguarí el también brasileño David Prussak de Freitas (37), coincidentemente, hermano mayor de Josemar y Jozemar. 

Al ser interrogado, David Prussak de Freitas contó que, efectivamente, él rescató de la escena del crimen a sus hermanos menores, pero alegó que hasta ese momento no sabía lo que ambos habían hecho con don Alecio y Leonardo.

Después, reveló que el colono brasileño y su nieto ya fueron asesinados y que los cuerpos fueron depositados, uno sobre el otro, en una fosa común cavada a 3.000 metros del lugar donde quedó abandonado el tractor en el que las víctimas recorrías esa mañana el monte.

Pese a la intensa búsqueda, los cuerpos no fueron localizados. Para colmo, los dos responsables directos, Josemar y Jozemar Borba Prussak, siguen callando cobardemente, aumentando así cada día la angustia y la desesperación de la familia.

Al parecer, ni por las buenas los hermanos brasileños van a contar dónde enterraron los cuerpos. Lo peor es que, por las malas, tampoco se los puede presionar, ya que la antes infalible técnica de castigo físico hoy en día está totalmente desfasada y prohibida.

Entonces, estas son las situaciones que a muchos les lleva a pensar nuevamente si la pena de muerte no serviría en algunos casos, como en este, en el que están de por medio el dolor y el sufrimiento de una familia que ya seguramente perdió la esperanza de recuperarlos con vida, pero que al menos desea darles una sepultura digna.

ileguizamon@abc.com.py