Chofer de Vilmar desnuda la complicidad policial

El chofer de la Municipalidad de Ypejhú, Arnaldo Javier Cabrera López, de 37 años, capturado el 8 de diciembre pasado y sindicado por la Policía y la fiscalía como cómplice en el asesinato del periodista de ABC Color Pablo Medina Velázquez (53), pese a que inicialmente él mismo dijo ser uno de los autores materiales, confirmó en su declaración indagatoria que, efectivamente, el ahora exintendente Vilmar “Neneco” Acosta Marques (39) operaba con complicidad policial en su feudo. Según el relato del detenido, el propio jefe de Investigación de Delitos de dicha ciudad fue quien le alertó de los operativos que se iban a llevar a cabo.

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Arnaldo Javier Cabrera López, actualmente recluido en el cuartel de la Agrupación Especializada de la Policía, en Asunción, fue arrestado prácticamente en sueños en su escondite en un monte de Ypejhú, por una reducida dotación encabezada por el jefe de la comisaría 6ª de dicha ciudad del departamento de Canindeyú, el comisario Sebastián Ramírez Delgadillo.

En los primeros interrogatorios a los que fue sometido, el procesado declaró que conoció a Vilmar Acosta Marques hace aproximadamente dos años, cuando el entonces intendente de Ypejhú lo encontró por casualidad en un comercio de Asunción dedicado a la venta de telas, donde Arnaldo se encontraba comprando insumos para el taller de tapicería donde trabajaba, en la avenida Hernán Cortés (ahora llamada Augusto Roa Bastos) y República Argentina de Lambaré.

Dos semanas después de aquel primer encuentro, casi a finales del año 2013, Acosta Marques le llamó a Cabrera López y le dijo que vendría a buscarlo para llevarlo a Ypejhú por unos días para recomponer el tapizado de una camioneta Ford.

Arnaldo regresó después a su casa de la ciudad de San Antonio, hasta que a comienzos de este año 2014 “Neneco” le ofreció formalmente un lugar de trabajo en Ypejhú.

El tapicero aceptó y llevó consigo a su mujer y a sus tres hijos menores, con quienes vivía en una casa cedida por el jefe comunal.

Renunciaron por miedo

Arnaldo Javier Cabrera López recordó que poco antes de Semana Santa, en abril pasado, los dos choferes de “Neneco”, Benito Núñez y Lilio González, renunciaron por temor al intendente y las atrocidades que supuestamente les obligaba a hacer. Entonces, Vilmar le propuso a Arnaldo trabajar con él como chofer.

Con relación a este punto, la resolución N° 78 de la Municipalidad de Ypejhú confirma que Cabrera López fue designado como chofer ya el 24 de setiembre de 2013 y no en abril de este año, como alegó ante los investigadores.

Le avisó de los allanamientos

Arnaldo Cabrera dijo al Ministerio Público que desde que empezó a trabajar con Vilmar Acosta Marques escuchaba constantemente que este tenía problemas con el periodista de este diario Pablo Medina.

También refirió que “Neneco” comentó una vez que iba a traer del Brasil a su hermano Wilson Acosta Marques para que eliminara a todos los que los estaban perjudicando políticamente, como el exintendente Julián Núñez Benítez, quien fue asesinado el 1 de agosto de 2013, un mes y medio antes del homicidio de Pablo, materializado el jueves 16 de octubre.

Según rememoró el sospechoso, después del asesinato de Pablo Medina y el de su acompañante Antonia Maribel Almada Chamorro, el entonces jefe de Investigación de Delitos de Ypejhú, oficial inspector Francisco Sinecio López Arrúa, le llamó a “Neneco” para alertarle de los procedimientos que se llevarían a cabo en su contra, ya que a raíz de la antiguas amenazas que había hecho al periodista surgía como uno de los principales sospechosos.

Esta situación desnudada por Cabrera López en su testimonio ya había sido indirectamente “vaticinada” por los investigadores del crimen, quienes días después del doble homicidio trasladaron al oficial López de Ypejhú, así como al entonces jefe de la comisaría local, el comisario principal Roberto Alfonso Díaz.

Justamente, el sustituto del Díaz, el comisario Sebastián Ramírez, fue el que esta vez encabezó el grupo que capturó a Arnaldo Cabrera, uno de los implicados en el sonado crimen.

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