¿Tu niño duerme con los ojos abiertos?

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Existen personas que, sin percatarse, duermen con los ojos abiertos, lo que en algunos casos resulta peligroso, debido a que impide que las córneas se mantengan aseadas y húmedas. Esto, a su vez, genera las secuelas propias de la sequedad ocular.

¿Alguna vez notaste que alguien duerme con los ojos abiertos? Pues sí. Algunas personas conviven con un inconveniente facial conocido como lagoftalmos o lagoftalmia, nombre procedente del vocablo griego lagoos, que significa liebre. En la antigüedad se lo denominó de esta manera a raíz del planteo de que este animalito dormía con los ojos abiertos, permaneciendo así en constante alerta ante la eventual presencia de sus depredadores, lo que también simbolizaba la vigilancia. Pero trasladado a los seres humanos, hablamos de la imposibilidad de cerrar completamente uno o ambos párpados durante el sueño.

Consultado al respecto, el profesor doctor Fernando Hamuy Díaz de Bedoya, jefe de Neurofisiología y Laboratorio de sueño, del Instituto Codas Thompson, y de Neurología, del Instituto de Medicina Tropical, comenta que la comunidad médica considera al lagoftalmos un síntoma antes que una enfermedad, debido a que en la mayoría de los casos no se encuentran enfermedades comórbidas que podrían provocarlo. “Incluso, se trata de una existencia genética con antecedentes en ancestros, aunque a veces existe una causa subyacente, como infecciones o enfermedades de la piel, disfunción de la tiroides, traumatismos o procedimientos quirúrgicos estéticos mal realizados que provocan afectación del nervio facial”. Ejemplifica este probable origen refiriéndose al caso de las mujeres que deciden el retiro quirúrgico de una parte del exceso de piel alojado en los párpados superiores; esto, a fin de lucir más jóvenes. “Si se exagera, las pacientes no vuelven a cerrar bien los ojos”, sentencia Hamuy Díaz de Bedoya.

El galeno agrega que, normalmente, quienes lidian con lagoftalmos, cuya prevención no es factible, lo desconocen, y solo se les puede detectar a través de la observación por parte de otros familiares, o bien, en consultorio del oftalmólogo en razón de dificultades vinculadas con la lubricación ocular, la cual se ve resentida tras la prolongada exposición de los ojos al aire. Menciona también que los efectos adversos pueden ir “desde inyección conjuntival (a causa del ojo seco) hasta ulceración de córnea”. Asimismo, refiere que este modo de dormir no perjudica la arquitectura del sueño, como lo permite constatar la administración de una polisomnografía –prueba recurrida en el análisis del sueño en la que se involucra a múltiples parámetros–.

No obstante, menciona: “Se debe tratar, sobre todo, cuando acompaña a otras afecciones, pudiendo solucionarse de forma simple. Se pueden utilizar antifaces de protección ocular, lágrimas artificiales o un gel ocular de protección corneal. Otro método más complejo es el que emplea inserciones de oro o platino en los párpados superiores, de modo que el peso y la fuerza de gravedad favorezcan el cierre completo de la hendidura palpebral”. En opinión del doctor Hamuy Díaz de Bedoya, vale destacar que la última incorporación descrita requiere ajustes frecuentes y no está exenta de consecuencias poco felices.

Llamado a la calma

"El 5 % de los chicos y jóvenes de hasta 15 años pueden presentar episodios más o menos frecuentes de sonambulismo", reveló el especialista argentino Roberto De Arbelaiz, quien no dejó de aclarar que esta tasa se reduce posicionándose por debajo del 2 % en la edad adulta. De Arbelaiz invoca la tranquilidad al señalar que la presencia de lagoftalmos en niños no debe preocupar a los padres, salvo que altere negativamente la calidad de vida de los pequeños. Ya el año pasado, en una entrevista concedida al diario Clarín, el experto exponía los motivos para tal recomendación, advirtiendo que el temor que experimenten los progenitores puede trasladarse al infante, lógicamente, sin beneficio para nadie.

Texto Delia Battilana || dbattilana@abc.com.py