“Los más de 4.900 componentes químicos del tabaco, como el monóxido de carbono, la nicotina, el alquitrán y otras sustancias tóxicas como el mercurio, cadmio o plomo, entre otros, pasan directamente al feto a través de la circulación placentaria”, explica la doctora Nancy Garay, cardióloga pediatra (*).
Según la especialista, esto tiene una grave consecuencia: “la disminución de la llegada de oxígeno al feto en desarrollo, lo que altera su ritmo cardiaco y provoca taquiarritmias; altera el crecimiento y el desarrollo normal de algunos órganos vitales como pulmones, corazón y cerebro”. Puede incluso “ser causa de muerte fetal en el tercer trimestre”.
Son tan constantes las alteraciones producidas por el tabaco durante el embarazo que cuando nacen estos niños, son conocidos como “bebés fumadores” y son considerados de alto riesgo por las características físicas al nacer y las complicaciones posnatales frecuentes.
Entre las terribles consecuencias del humo del tabaco al que son expuestos “los niños nacen con bajo peso (retardo de crecimiento intrauterino), presentan complicaciones respiratorias frecuentes que los hacen ingresar a unidades de cuidados intensivos, como hipertensión pulmonar, asma, bronquitis, bronquiectasias, bronconeumonías, enfermedad pulmonar respiratoria crónica, etc.”.
El cigarrillo es considerado una de las principales causas de “mayor riesgo de muerte perinatal, feto muerto y síndrome de muerte súbita del lactante”, y aún más, “presentan alteraciones en el desarrollo del cerebro, que estarían relacionadas con un mayor riesgo de trastornos de aprendizaje y de conducta en la niñez y adolescencia”.
Los padres fumadores exponen al bebé a un “mayor riesgo de algunas malformaciones congénitas, como labio leporino y paladar hendido; cardiopatías congénitas como la comunicación interventricular. Los infantes presentan más cuadros de alergia a los alimentos, problemas en la piel y hasta caries”.
La doctora también menciona que en edad escolar es causa de ausentismo frecuente (seis veces más), los chicos tienen atención dispersa y menor rendimiento físico comparado con los que crecen en ambientes saludables, no fumadores.
Como si todo esto fuera poco, es necesario decir que la conducta de los padres incide directamente en la conducta de los adolescentes, es decir, ellos se convierten en fumadores activos en edad precoz. El tabaquismo adolescente es el medio más fácil de introducirse a otras tóxicodependencias como alcohol, marihuana, cocaína, entre otros.
“Un autoengaño común de los padres es no fumar dentro de la casa o que si fuman en el auto lo hacen con las ventanillas abiertas. El humo y sus tóxicos se trasladan a una velocidad mayor que el aire y el oxígeno, y penetran a través de las rendijas de las puertas hasta la piel, uñas y cabellos y así el hijo entra en contacto con el humo del tabaco, por ello hoy día se habla de ambiente fumador”.
(*) Jefa del Servicio de Cardiología, Hospital General Pediátrico Niños de Acosta Ñu.
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