Descubrimos cómo las canciones nos ayudan a conocernos mejor

Imagen sin descripción
GENTILEZA

En el jardín y en la casa, la música nos acompaña todo el día. No es solo para divertirnos: cuando cantamos, nuestro cerebro se activa, nuestro cuerpo se mueve y nuestra memoria trabaja.

Por eso, muchas veces aprendemos más rápido con una canción que con una explicación larga.

Cantar quién soy: canciones que nos construyen

Hay canciones que nos ayudan a decir «aquí estoy». Cuando cantamos nuestro nombre en una ronda, nos presentamos y también escuchamos a los demás.

Así aprendemos a reconocernos como parte del grupo.

También cantamos sobre nuestro cuerpo: «estas son mis manos», «esta es mi nariz». Con gestos y movimientos, vamos entendiendo qué podemos hacer con cada parte del cuerpo.

Y cuando cantamos sobre la familia, la casa, la escuela o el barrio, ponemos en palabras nuestro mundo. La música se vuelve como un espejo: nos vemos en lo que cantamos, cantamos quiénes somos.

Música y autonomía: la canción como guía invisible

Además, hay canciones que nos ayudan a hacer cosas solos.

Cuando cantamos para lavarnos las manos, para ordenar o para guardar los juguetes, sabemos qué viene después. La repetición nos da pistas: primero hacemos una cosa, después otra. Así anticipamos acciones y nos sentimos más seguros.

En las transiciones también nos sirve: una canción para cambiar de juego, para ir al baño o para sentarnos a merendar. La música nos guía.

Al final, cuando cantamos, no solo aprendemos palabras o ritmos: aprendemos a conocernos y a hacer nuestro día un poco más fácil.

Canción para el lavado de manos

«Agua y jabón, manos a lavar,

entre los dedos hay que frotar.

Palma con palma, sin olvidar,

y muy limpitas van a quedar».