Cuentos y canciones en el aula del kinder: por qué son importantes

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GENTILEZA

En el aula, los cuentos y las canciones se vuelven parte de cada día. Hoy aprendemos por qué son tan importantes para nosotros.

Cuando abrimos un libro, no solo miramos dibujos: imaginamos, preguntamos y descubrimos palabras nuevas. Cuando cantamos, movemos el cuerpo, marcamos el ritmo con palmas y escuchamos mejor a quienes están a nuestro lado.

Durante la mañana, nos sentamos en ronda y elegimos un cuento corto. A veces trata de un animal curioso; otras, de una niña que busca su casa o de un árbol que cambia con las estaciones. Mientras la historia avanza, adivinamos qué va a pasar, repetimos frases y hacemos voces para los personajes. Así, sin darnos cuenta, practicamos cómo contar, esperar turnos y poner atención.

Después, llega el momento de la música. Con canciones sencillas, aprendemos los colores, los números y los saludos.

También jugamos a cantar fuerte y suave, rápido y lento. Si una palabra es difícil, la decimos despacio y la cantamos otra vez, hasta que suene clara. La canción nos ayuda a recordar y a sentirnos en equipo.

La canción nos ayuda a respirar y a escucharnos. Cuando cantamos juntos, nos coordinamos mejor y nos animamos a participar.

Al final del día, guardamos los libros y tarareamos camino a casa.

Y mañana, otra historia nos espera: porque en el aula, con cuentos y canciones, crecemos, nos expresamos y aprendemos con alegría.

Para docentes: cinco cuentos clásicos recomendados para la etapa del jardín y preescolar

-Caperucita Roja, publicada en 1697 por Charles Perrault, es uno de los relatos más difundidos de la tradición europea. Su valor en preescolar está en la claridad de su estructura y en la repetición de escenas, lo que ayuda a los niños a anticipar lo que va a ocurrir y a comprender nociones básicas de peligro y cuidado personal.

-Los tres cerditos, difundido en versiones impresas del siglo XIX a partir de la tradición oral inglesa, es especialmente eficaz en estas edades porque trabaja la repetición y la consecuencia de las acciones de forma muy visual. La oposición entre esfuerzo y descuido se entiende sin necesidad de explicaciones complejas.

-Ricitos de Oro y los tres osos, cuya primera versión literaria se atribuye a Robert Southey en 1837, nos introduce a los niños en conceptos cotidianos como grande, mediano y pequeño, además de nociones de límites y respeto por lo ajeno, todo dentro de una narración muy accesible.

-El patito feo, escrito por Hans Christian Andersen en 1843, es uno de los relatos más potentes para trabajar la autoestima. Su transformación final permite abordar la idea de que las diferencias no son defectos, sino parte del desarrollo.

-La oruga muy hambrienta, de Eric Carle (1969), introduce además aprendizajes cognitivos básicos como los números, los días de la semana y el ciclo de la vida, con un soporte visual muy atractivo.