La infancia: desarrollo, aprendizaje y evolución histórica

La infancia: desarrollo, aprendizaje y evolución histórica
La infancia: desarrollo, aprendizaje y evolución históricaArchivo, ABC Color

La infancia, desde el nacimiento hasta los ocho años, es una etapa clave del desarrollo humano. Se caracteriza por cambios rápidos en lo físico, cognitivo, emocional y social, que sientan las bases del aprendizaje, la salud y el bienestar futuro. La interacción con los cuidadores y un entorno estimulante es esencial para fomentar la curiosidad, la autonomía y la confianza.

Período preescolar

El período preescolar, de los tres a los cinco años, es decisivo en el desarrollo temprano. Los niños adquieren habilidades cognitivas más complejas, mejoran la memoria y comprenden conceptos de tiempo y secuencia.

La imaginación y el juego simbólico se vuelven más elaborados. El lenguaje crece rápidamente: amplían vocabulario, mejoran la gramática y comienzan a contar historias.

Social y emocionalmente, aprenden a cooperar, compartir y reconocer emociones propias y ajenas.

En lo físico, perfeccionan coordinación y habilidades motoras finas y gruesas, y desarrollan independencia en tareas cotidianas.

También inician habilidades académicas básicas como contar y reconocer letras y números.

Edad escolar temprana

La edad escolar temprana, de los seis a los doce años, consolida habilidades cognitivas y académicas.

Los niños desarrollan pensamiento lógico, comprensión lectora y matemáticas, aplicando conceptos a nuevas situaciones.

La comunicación continúa su progreso, y se amplía la competencia para expresarse oral y por escrito.

Socialmente, forman amistades más profundas, aprenden a colaborar y a respetar diferencias.

El desarrollo físico permite actividades más complejas y la autoestima, la independencia y la responsabilidad se fortalecen. Además, comienzan a comprender normas sociales, éticas y morales.

La concepción de la infancia a través del tiempo

Históricamente, la concepción de la infancia ha evolucionado. En la Edad Media, los niños eran vistos como pequeños adultos; en el Renacimiento surgió mayor interés por su educación.

Locke, en el siglo XVII, los consideró una tabula rasa, influenciados por la educación y el entorno.

Rousseau, en el XVIII, defendió la bondad innata de los niños y la necesidad de respetar su desarrollo natural.

La Revolución Industrial evidenció la explotación infantil, impulsando leyes de protección y educación.

En el siglo XX, la psicología infantil, con Freud y Piaget, profundizó en el desarrollo cognitivo, emocional y social.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la Declaración de los Derechos del Niño (1959) y la Convención sobre los Derechos del Niño (1989) reforzaron su protección.

Hoy, la infancia se reconoce como una etapa única, priorizando la educación, el juego, la protección y el apoyo emocional.

La reflexión y el debate sobre la infancia han constituido un proceso silencioso y decisivo para el reconocimiento de los derechos de la infancia en las sociedades occidentales.

Sin embargo, también han conducido al desarrollo de políticas sociales para proteger y atender a este grupo social.

La dinámica jurídica y la política social sobre la infancia han cambiado los sistemas de relaciones entre adultos y niños. Esta modificación se percibe tanto a nivel macrosocial, como en la vida intrafamiliar, cuyo fin es el mayor reconocimiento y participación social de la infancia como parte de la población.

Fuentes: - EDWARDS, C., GANDINI, L., & FORMAN, G. (Comps.). (2012). Los cien lenguajes del niño: La experiencia de las escuelas de Reggio Emilia. Paidós Educador.

- RINALDI, C. (2006). En diálogo con Reggio Emilia: Escuchar, investigar y aprender. Octaedro.