Inspirado en las ideas de John Dewey, Jean Piaget y Lev Vygotsky, Malaguzzi sostenía que los niños son personas competentes desde el nacimiento, capaces de investigar, crear, formular hipótesis y construir conocimientos a partir de sus experiencias. En este enfoque, el docente deja de ser un simple transmisor de contenidos para convertirse en un observador, acompañante y facilitador del aprendizaje.
Aunque el método surgió en Italia, sus principios son plenamente aplicables al contexto educativo paraguayo. El currículo del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) promueve el desarrollo de competencias, el aprendizaje activo, el trabajo colaborativo, la inclusión y el fortalecimiento del pensamiento crítico, aspectos que coinciden con la filosofía de Reggio Emilia.
Uno de los aportes más innovadores de Malaguzzi es considerar que el ambiente es el «tercer maestro». Las aulas se organizan como espacios estimulantes, flexibles y estéticamente agradables, donde los materiales invitan a experimentar, investigar y resolver problemas. No se trata de contar con recursos costosos, sino de diseñar ambientes que despierten la curiosidad utilizando materiales reciclados, elementos de la naturaleza y producciones de los propios estudiantes.
Otro principio fundamental es la documentación pedagógica. Fotografías, registros escritos, dibujos, proyectos y conversaciones permiten evidenciar el proceso de aprendizaje, favoreciendo la reflexión docente, la evaluación continua y una comunicación más significativa con las familias.
El aprendizaje se desarrolla mediante proyectos que nacen de los intereses de los niños y se enriquecen con preguntas, investigaciones y experiencias compartidas. Este tipo de trabajo fortalece habilidades como la comunicación, la creatividad, la resolución de problemas y el trabajo en equipo.
Reggio Emilia también reconoce los «cien lenguajes del niño», entendiendo que los estudiantes expresan sus ideas mediante el dibujo, la música, el juego, el movimiento, la construcción, la dramatización y muchas otras formas de comunicación. Por ello, la educación debe ofrecer múltiples oportunidades para que cada niño encuentre la manera de aprender y demostrar lo que sabe.
Finalmente, este enfoque destaca la importancia de la alianza entre la escuela, la familia y la comunidad. La participación de todos los actores educativos fortalece el aprendizaje, genera sentido de pertenencia y favorece una educación inclusiva y centrada en el desarrollo integral de cada estudiante.
Más que una metodología, Reggio Emilia representa una filosofía educativa que invita a confiar en las capacidades de la infancia, valorar la creatividad y construir escuelas donde aprender sea una experiencia significativa, colaborativa y profundamente humana.
Fuentes:
- EDWARDS, C., GANDINI, L., & FORMAN, G. (Comps.). (2012). Los cien lenguajes del niño: La experiencia de las escuelas de Reggio Emilia. Paidós Educador.
- RINALDI, C. (2006). En diálogo con Reggio Emilia: Escuchar, investigar y aprender. Octaedro.
