Aprender desde la curiosidad
El principal propósito de este enfoque es despertar el deseo de aprender. En lugar de transmitir contenidos de manera tradicional, el docente crea experiencias que motivan a los niños y adolescentes a investigar, formular preguntas, experimentar y construir conocimientos a partir de situaciones reales.
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Al mismo tiempo, se fortalece la autoestima y la autonomía, ya que cada estudiante es considerado capaz de aportar ideas, resolver desafíos y participar activamente en la construcción de nuevos saberes.
Expresar, crear y convivir
Uno de los pilares de Reggio Emilia es reconocer que cada persona aprende y se comunica de diferentes maneras. El arte, la música, el movimiento, el juego, la expresión oral, la escritura y las herramientas digitales constituyen diversos lenguajes que enriquecen el aprendizaje y favorecen la creatividad.
Este enfoque también promueve el desarrollo de habilidades sociales, como el trabajo colaborativo, la escucha activa, el respeto por las opiniones de los demás y la resolución dialogada de conflictos, competencias fundamentales para la formación ciudadana impulsada por el MEC.
Una comunidad que educa
La escuela deja de ser un espacio aislado para convertirse en un punto de encuentro entre los estudiantes, los docentes, las familias y la comunidad. La participación de todos fortalece el sentido de pertenencia y permite que los aprendizajes respondan a las necesidades del entorno, favoreciendo proyectos con impacto social.
Asimismo, se respetan los ritmos, intereses y estilos de aprendizaje de cada estudiante, principio estrechamente vinculado con la educación inclusiva y la atención a la diversidad que promueve el sistema educativo paraguayo.
Bases científicas que respaldan el enfoque
La propuesta Reggio Emilia se sustenta en reconocidas teorías pedagógicas. Del constructivismo de Jean Piaget retoma la idea de que el conocimiento se construye mediante la experiencia. De Lev Vygotsky incorpora el valor del aprendizaje cooperativo y de la interacción social. John Dewey aporta la importancia del aprendizaje basado en experiencias auténticas, mientras que Howard Gardner inspira el reconocimiento de las múltiples capacidades de cada estudiante.
También recibe aportes de Jerome Bruner, quien destaca el aprendizaje como un proceso de construcción de significados; de Paulo Freire, que impulsa una educación crítica y participativa; y de Urie Bronfenbrenner, quien resalta la influencia de la familia, la escuela y la comunidad en el desarrollo integral.
Un modelo vigente para todos los niveles
Aunque surgió para la educación inicial, sus principios pueden adaptarse a la Educación Escolar Básica y a la Educación Media. El aprendizaje basado en proyectos, la investigación, la documentación de los procesos, la reflexión permanente y la participación del estudiante favorecen el desarrollo del pensamiento crítico, la creatividad y la resolución de problemas.
En las aulas paraguayas, donde el currículo prioriza el desarrollo de competencias y la formación integral, Reggio Emilia representa una oportunidad para fortalecer prácticas pedagógicas innovadoras que preparen a los estudiantes para enfrentar los desafíos de una sociedad en constante transformación.
Fuentes:
- EDWARDS, C., GANDINI, L., & FORMAN, G. (Comps.). (2012). Los cien lenguajes del niño: La experiencia de las escuelas de Reggio Emilia. Paidós Educador.
- RINALDI, C. (2006). En diálogo con Reggio Emilia: Escuchar, investigar y aprender. Octaedro.
