El atelier: un laboratorio donde las ideas toman forma

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GENTILEZA

¿Y si el arte dejara de ser una actividad aislada para convertirse en una verdadera manera de aprender? Esta es una de las ideas que inspira al enfoque Reggio Emilia, donde el atelier ocupa un lugar especial: no es simplemente una sala destinada a pintar o realizar manualidades, sino un espacio pensado para que los niños puedan investigar, experimentar, crear y comunicar aquello que descubren.

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El término atelier, de origen italiano, hace referencia a un taller o estudio. Dentro de la propuesta Reggio Emilia, se transforma en un ambiente cuidadosamente preparado, atractivo y lleno de posibilidades.

Crear también es una forma de pensar

En el atelier, el proceso tiene tanta importancia como el resultado. Una pintura, una escultura, una construcción o una composición pueden convertirse en oportunidades para formular preguntas, tomar decisiones, resolver dificultades y descubrir nuevas posibilidades.

Los materiales adquieren un papel fundamental. Pinturas, arcilla, telas, elementos de la naturaleza, objetos reutilizables y recursos tecnológicos pueden formar parte de este universo creativo. No se trata de ofrecer materiales costosos, sino de seleccionar aquellos que despierten curiosidad y permitan experimentar.

Esta mirada resulta especialmente significativa en nuestras escuelas paraguayas. Una colección de hojas, semillas, piedras, cartones, envases o retazos de tela disponibles en la comunidad pueden convertirse en el punto de partida para una investigación artística y, al mismo tiempo, para aprendizajes vinculados con Ciencias, Matemática, Comunicación, Historia o el conocimiento del entorno.

El arte no vive en una asignatura aislada

Una característica esencial del atelier es su conexión con el resto de las experiencias escolares. El arte puede convertirse en un lenguaje para comprender otros contenidos y observar un mismo tema desde diferentes perspectivas.

Un proyecto sobre la identidad cultural paraguaya, por ejemplo, puede incluir dibujos, fotografías, sonidos, relatos familiares, modelado, construcciones o producciones digitales.

De esta manera, los niños no solo reciben información: la interpretan, la transforman y la comunican mediante diferentes lenguajes.

¿Quién acompaña este proceso? El atelierista

Dentro de la propuesta Reggio Emilia aparece una figura particular: el atelierista. Se trata de un profesional vinculado especialmente con las artes visuales y los procesos creativos, cuyo papel no consiste simplemente en enseñar técnicas artísticas.

Su función principal es acompañar la exploración. Observa, escucha, propone materiales, plantea posibilidades y ayuda a que los niños desarrollen sus propias ideas. Trabaja junto con los docentes para diseñar proyectos en los que el arte dialogue con otros campos del conocimiento.

El espacio, por sí mismo, debe comunicar: «Aquí puedes probar, equivocarte, transformar y volver a comenzar».

Documentar para comprender

El proceso creativo también merece ser registrado. Las fotografías, las conversaciones, los bocetos, las producciones y los comentarios de los estudiantes permiten reconstruir el camino recorrido.

Esta documentación no es simplemente un archivo de trabajos. Ayuda a los docentes y a las familias a com- prender cómo piensa el niño, qué preguntas formula, qué estrategias utiliza y cómo evoluciona su aprendizaje.

Un espacio para aprender con las manos, la mente y la imaginación

El verdadero sentido del atelier está en reconocer que crear es también pensar. El desafío para la escuela paraguaya es abrir espacios donde los estudiantes puedan experimentar sin miedo a equivocarse, expresar aquello que todavía no pueden explicar con palabras y descubrir que sus propias ideas también pueden ser el punto de partida para aprender.

Fuente: - RINALDI, C. (2006). En diálogo con Reggio Emilia: Escuchar, investigar y aprender. Octaedro.