Mirar al otro para comprenderlo
La empatía comienza cuando somos capaces de reconocer que lo que siente otra persona también merece ser escuchado. Escuchar no significa simplemente permanecer en silencio mientras otro habla. Implica observar, interpretar, preguntar y tratar de comprender antes de juzgar.
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Las palabras hirientes, las burlas, los conflictos durante el juego, la exclusión de los compañeros o la dificultad para aceptar un límite pueden convertirse en oportunidades pedagógicas para enseñar comunicación respetuosa, autorregulación y responsabilidad frente al otro.
Aprender con otros, no solamente junto a otros
Reggio Emilia entiende la colaboración como una poderosa forma de construir conocimiento. Los niños pueden investigar, formular preguntas, intercambiar ideas, tomar decisiones y encontrar soluciones conjuntamente. El aprendizaje deja así de ser una experiencia exclusivamente individual para transformarse en una construcción compartida.
Trabajar en equipo, sin embargo, no consiste simplemente en sentar a varios estudiantes alrededor de una mesa. Supone enseñar a escuchar propuestas diferentes, argumentar, negociar, distribuir responsabilidades, aceptar errores y llegar a acuerdos.
La diversidad como oportunidad para aprender
Cada estudiante llega al aula con capacidades, experiencias, intereses y necesidades diferentes. Una educación que pretende formar ciudadanos capaces de convivir en una sociedad diversa necesita enseñar a valorar esas diferencias.
Desde esta perspectiva, incluir no significa simplemente permitir que todos estén presentes en el mismo espacio. Significa generar condiciones para que cada estudiante pueda participar, aportar y sentirse parte del grupo.
Educar las emociones también es educar
La educación emocional puede desarrollarse mediante múltiples caminos: cuentos, dramatizaciones, juegos de roles, círculos de conversación, escritura reflexiva, música, dibujo, pintura, movimiento, ejercicios de respiración y proyectos vinculados con situaciones reales.
Un cuento puede abrir una conversación sobre la empatía. Una dramatización puede ayudar a analizar un conflicto. Un dibujo puede expresar aquello que todavía cuesta poner en palabras. Un diario puede favorecer el autoconocimiento. Una pausa de respiración puede enseñar una estrategia sencilla para recuperar la calma.
Del aula a la comunidad
La propuesta cobra todavía mayor sentido cuando los estudiantes pueden aplicar lo aprendido fuera del aula. Los proyectos relacionados con el cuidado del ambiente, la solidaridad, la participación comunitaria o la resolución de necesidades cercanas permiten comprender que la empatía no termina en la puerta de la escuela.
Para que esto sea posible, también necesitamos docentes que cuenten con herramientas para acompañar las emociones infantiles. La formación en educación emocional, convivencia, inclusión y estrategias de comunicación no debería considerarse un complemento, sino una dimensión necesaria del desarrollo profesional docente.
Enseñar a convivir no significa dedicar menos tiempo a aprender. Significa comprender que la convivencia también se aprende. Desde la inspiración de Reggio Emilia, la escuela puede ser un espacio donde cada niño no solo descubra cuánto puede saber, sino también cuánto puede aportar, escuchar, crear y construir junto a otros.
En una sociedad que necesita más diálogo y menos violencia, más cooperación y menos indiferencia, educar la empatía no es una tarea secundaria: es preparar a nuestros estudiantes para vivir con otros y construir, desde hoy, una comunidad más respetuosa.
Fuentes:
- EDWARDS, C., GANDINI, L., & FORMAN, G. (Comps.). (2012). Los cien lenguajes del niño: La experiencia de las escuelas de Reggio Emilia. Paidós Educador.
- RINALDI, C. (2006). En diálogo con Reggio Emilia: Escuchar, investigar y aprender. Octaedro.
