Esta mirada resulta especialmente significativa en nuestras escuelas, donde conviven estudiantes con diferentes ritmos, intereses, formas de aprender y necesidades de apoyo. Frente a esta diversidad, el desafío no consiste en aplicar una única estrategia para todos, sino en crear condiciones que permitan que cada estudiante pueda involucrarse y avanzar.
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Enseñar también es observar
La observación ocupa un lugar central. El docente observa para comprender qué despierta curiosidad en sus estudiantes, cómo participan, qué dificultades encuentran y qué estrategias les permiten aprender mejor.
Observar no significa vigilar ni buscar errores. Significa recoger información para tomar decisiones pedagógicas. Una conversación, una producción, una pregunta, un juego o la manera en que un estudiante resuelve una dificultad pueden ofrecer información valiosa para ajustar la enseñanza.
Antes de interpretar una conducta únicamente como falta de interés o disciplina, la observación pedagógica permite preguntarnos qué está comunicando ese comportamiento y qué condiciones podrían favorecer una participación más efectiva.
Cuando dos educadores construyen juntos
La denominada pareja educativa plantea la posibilidad de que dos adultos trabajen de manera coordinada dentro del proceso educativo. Puede tratarse de dos docentes, un docente y un asistente o, según las características de la institución, un docente y otro profesional que acompañe determinadas necesidades.
La clave no está simplemente en tener dos personas dentro del aula. La verdadera fortaleza aparece cuando existe planificación compartida, comunicación y complementariedad.
Una oportunidad para atender la diversidad
En aulas paraguayas heterogéneas, contar con más de un adulto puede facilitar la atención a diferentes necesidades. Esto puede ser especialmente valioso cuando existen estudiantes con discapacidad, dificultades de aprendizaje, TDAH u otras necesidades específicas de apoyo.
Sin embargo, la presencia de dos educadores no garantiza por sí sola una educación inclusiva. Es necesario definir responsabilidades, planificar conjuntamente y evitar que uno de los adultos quede reducido exclusivamente al acompañamiento de un estudiante.
La colaboración debe beneficiar a todo el grupo
Los estudiantes también aprenden de cómo trabajamos.
La relación entre los educadores constituye un ejemplo cotidiano para los niños. Cuando observan adultos que dialogan, se escuchan, se distribuyen responsabilidades, aceptan sugerencias y resuelven diferencias respetuosamente, también están aprendiendo sobre cooperación.
Compartir para crecer profesionalmente
Trabajar con otro educador permite observar nuestras propias prácticas desde una perspectiva diferente. El intercambio de ideas, la retroalimentación y la planificación conjunta pueden contribuir al desarrollo profesional.
Desde la mirada de Reggio Emilia, el docente no es un actor aislado frente a un grupo de estudiantes. Forma parte de una comunidad que aprende, investiga, dialoga y construye.
Por eso, quizás una de las preguntas más importantes para el docente actual no sea solamente: «¿Qué voy a enseñar?», sino también: «¿Qué condiciones puedo crear para que todos tengan la oportunidad de aprender?»
Fuentes:
- EDWARDS, C., GANDINI, L., & FORMAN, G. (Comps.). (2012). Los cien lenguajes del niño: La experiencia de las escuelas de Reggio Emilia. Paidós Educador.
- RINALDI, C. (2006). En diálogo con Reggio Emilia: Escuchar, investigar y aprender. Octaedro.
