“¡Agua!”. En medio del discurso de su asunción como presidente de la República el 15 de agosto de 2013, Horacio Cartes cortó su alocución para pedir que le pasaran un vaso cargado con el vital líquido. Ese, quizás, pasó a ser el momento más recordado de aquella jornada. Ese es el reclamo que los pobladores de la ciudad de Villarrica, capital del departamento de Guairá ubicada a 154 kilómetros de Asunción, le quieren a hacer al primer mandatario.
“Imaginate que él no puede hablar sin pedir agua y a nosotros nos falta todos los días”, expresó Yole Boggino, pobladora de toda la vida de la ciudad de Villarrica, en conversación con ABC Color.
Precisamente en el momento de la comunicación telefónica, la ciudad estaba sin agua debido a las lluvias que cayeron en la mañana de este martes. En realidad, el vital líquido escasea en la ciudad llueva o no, haga frío o calor.
Boggino relató que habitualmente el servicio de provisión de agua potable, a cargo de la Essap, funciona desde las 12:00 hasta las 17:00. La falta de agua se extiende normalmente hasta las 21:30, cuando se repone, pero se vuelve a cortar alrededor de las 04:00.
En días como los que se tuvieron en las últimas semanas, de acuciante calor, la falta de agua se hace todavía más desesperante. “Llegás a casa y querés darte una ducha pero no podés porque no hay agua”, lamentó la villarriqueña. Para tratar de paliar un poco la situación, los pobladores se ingenian para reservar un poco de agua y recurren a baldes, palanganas o cualquier otro tipo de recipiente para almacenar el líquido y así poder utilizarlo durante las horas de escasez.
Algunos optaron por instalar tanques de unos 250 litros en los que alzan el agua y durante las horas en las que se corta el servicio de la Essap recurren al reservorio. “Es más fácil encontrar una pepita de oro en Paso Yobái (distrito vecino de Villarrica y en el que se realiza explotación del metal precioso) que agua en nuestras canillas”, afirmó.
La historia de la falta de agua tiene ya unos 20 años y las promesas de un verano sin cortes en el servicio se repite cada año. “Tienen que venir a Villarrica a quedarse en una casa particular y van ver cómo se vive. Encima que los paraguayos no nos queremos bañar, somos más né (apestosos) porque no nos podemos bañar”, indicó.
Recordó que hace algún tiempo tuvo la posibilidad de estar cerca del presidente Horacio Cartes durante algún acto y que lo único que quería gritarle era “¡agua!”.
Mientras desde la Essap prometen que con la construcción de una planta en la ribera del Tebicuarymí ayudará a paliar la falta de agua diaria, otros señalan que el problema son los aductores que van desde la planta que actualmente tiene la estatal en el límite entre Villarrica y Coronel Oviedo no cuentan con el grosor adecuado para transportar la cantidad de líquido que demandan los usuarios.
“Esas son cuestiones demasiado técnicas ya. Nosotros lo que queremos es agua, que no falte el agua. Somos né, orenemba porque tenés el baño al lado de tu dormitorio y hacés tus necesidades ahí y si no hay agua no se puede hacer correr”, lamentó Yole.
Hace algunos días le había dicho a sus amigos que a la hora de los cortes se ataría a un poste del local de la Essap, pero justo hubo tres días en los que no se registró falta de agua. “¿Para qué vas a hacer una manifestación si no te cavan los pozos? No sé yo qué carnavales van a hacer si no hay ni agua”, afirmó.
La cuestión llega a niveles tales que el permitir a los visitantes que ingresen a los baños es casi un lujo. “Vos venís a mi casa y me decís 'quiero entrar a tu baño a hacer pipí', te voy a decir ‘andá a hacer pipí por el árbol o por la pared’”, relató. Mirando desde afuera, parecía ser una nimiedad, pero para quienes tienen que vivir todos los días sin contar con algo tan básico como el agua es un problema de enorme importancia.
“Yo no sé qué hacen Sarubbi (Ludovico, titular de la Essap) y eso. Se burlan de nosotros”, sentenció.
