Licenciada en Artes Visuales por el Instituto Superior de Artes Visuales Verónika Koop y con especializaciones en Antropología de la Salud, Derechos Humanos y Didáctica Universitaria, Carla Ascarza plasma en el lienzo una figura maternal fuerte y omnipresente en el campo. Estas obras formarán parte de una exposición individual el 23 de mayo en la Galería del Rey, el marco de la Noche de las Galerías.
“Ñande Sy y la poética del campo surge a partir de una mirada muy profunda hacia las mujeres de la tercera edad, hacia lo que representan en términos de memoria, de transmisión de saberes, de continuidad entre generaciones. Es una serie que nace de la necesidad de visibilizar todo lo que significa esa mujer de campo dentro de nuestra sociedad. Muchas veces son figuras silenciosas, pero fundamentales: sostienen la vida cotidiana, cuidan, enseñan, transmiten formas de hacer y de sentir”, explica Carla Ascarza.

Al mismo tiempo no puede dejar de pensar que la tercera edad en nuestro país sigue siendo una materia pendiente en muchos aspectos: “Entonces, la serie también tiene ese trasfondo, el de poner en el centro a estas mujeres, darles presencia, reconocer su valor y su lugar”.
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—¿Para estas obras te inspiraste en algún personaje en especial?—Sí, en realidad hay dos momentos muy importantes. El primero fue en el año 2017, cuando trabajé a partir de la fotografía de un gran artista, Didac López, quien me cedió generosamente el uso de una imagen para realizar un retrato de una abuelita. Esa figura quedó muy presente en mí, como algo que no se había cerrado del todo. Y años después, conocí a una abuelita que vendía caramelos en la calle. Su situación, su precariedad, pero también su dignidad, me impactaron profundamente. Ahí sentí que todo empezaba a cobrar sentido. Esa imagen inicial y ese encuentro real se unieron, y de alguna manera dieron origen a todo este universo.

—¿Cómo es posible lograr imágenes tan realistas de la vida cotidiana de estas mujeres?—Creo que tiene mucho que ver con la observación, pero también con una forma de construir la imagen que no busca copiar la realidad tal cual es. Trabajo desde lo que yo llamo proporciones y perspectivas emocionales. Eso significa que las figuras, los espacios, incluso los objetos, no responden necesariamente a una lógica estrictamente realista, sino a lo que la escena necesita transmitir. Una figura puede ser más grande de lo que sería en la realidad, o un espacio puede simplificarse, porque lo importante no es la fidelidad visual, sino la carga emocional. Entonces, aunque la imagen pueda parecer muy cercana a lo real, en realidad está atravesada por decisiones simbólicas que buscan expresar algo más profundo.

—¿Cuántas obras tiene la serie?—Para esta exposición en particular, presento un cuerpo de obra bastante definido. Hay nueve obras de gran formato realizadas al óleo sobre lienzo, otras más pequeñas, bocetos y estudios y relicarios que contienen pequeñas obras en su interior. En todas ellas está presente la figura de la abuelita, de una u otra manera. A veces aparece directamente en escena –tomando mate, colgando la ropa, en sus gestos cotidianos– y otras veces a través de sus objetos: elementos que forman parte de su vida diaria y que se convierten en pequeños rituales. Todo el conjunto funciona como un universo coherente, donde cada pieza aporta una mirada distinta sobre esa misma presencia.
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—Más allá de la exposición, ¿qué representa estar la Noche de las Galerías?—Es una oportunidad muy importante, tanto a nivel personal como colectivo. Por un lado, permite que las galerías se fortalezcan como espacios de encuentro, de circulación del arte, de construcción cultural. Y, por otro, para los artistas es un momento en el que podemos mostrar trabajos que realmente nos atraviesan, que nacen de procesos profundos de investigación y búsqueda. También es un espacio donde el público se acerca de otra manera más abierta, más disponible al diálogo. Y eso siempre es valioso.

—¿En qué etapa de tu carrera te encontrás?—Siento que estoy en una etapa de mucha claridad. Después de haber transitado distintos caminos, hoy tengo una relación más consciente con mi lenguaje. No significa que esté todo resuelto, al contrario, hay muchas preguntas abiertas. Pero hay una seguridad en la forma de trabajar, en las decisiones, en lo que quiero decir. Es una etapa de profundización más que de exploración inicial.
—¿Un sueño por cumplir?—Tengo varios, pero hay uno que me moviliza especialmente: que las artes ocupen un lugar mucho más importante en la sociedad. Me gustaría que el arte tenga una presencia más fuerte en la vida cotidiana de las personas, pero también en las agendas públicas, en las decisiones, en la forma en que pensamos el desarrollo cultural de un país. Y en lo personal, también sueño con poder seguir expandiendo mi obra, llevarla a otros contextos, otros territorios, y que ese diálogo crezca sin perder su raíz.
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