Las visitas internacionales marcaron el pulso del calendario: estadios y arenas recibieron a figuras del pop latino y global, del rock clásico y contemporáneo, de la música urbana y la electrónica. Nombres como Shakira, Green Day, Chayanne, Duki, Babasónicos, La Renga, Miranda!, Trueno o Europe convivieron en una agenda tan intensa como diversa.
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Paraguay volvió a mostrarse como un territorio capaz de albergar espectáculos de gran escala, con públicos ávidos y una infraestructura que ya no parece excepcional, sino habitual, también con la llegada de Yamandú Costa, Só Pra Contrariar, Marco Antonio Solís, Tan Biónica, Dillom, Camilo, Lisandro Aristimuño, Kany García, Nito Mestre, Ratones Paranoicos, Monsieur Periné, Toquinho, Bronco, Mora, Clubz, Il Divo, Airbag, Florencia Bertotti, Kudai, y muchos más.

Pero lejos de quedar eclipsada, la música paraguaya sostuvo un año especialmente fértil. Berta Rojas volvió a funcionar como faro y símbolo: su ingreso al Consejo Directivo de la Academia Latina de la Grabación y la publicación de su nuevo disco “La huella de las cuerdas” marcaron un punto alto no solo por el prestigio, sino por la forma en que su trabajo articula memoria, investigación y proyección contemporánea.
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Esa idea de persistencia atravesó también a bandas como Flou y Salamandra, que celebraron 25 años de trayectoria sin renunciar a su lugar en la escena. Más que aniversarios, sus recorridos hablan de una resistencia constante: tocar, grabar, reinventarse y seguir siendo referencia para generaciones más jóvenes en un contexto que rara vez facilita la continuidad. En un ecosistema frágil, su permanencia es casi un gesto político.
Circulación y proyección de nuestra identidad
El movimiento fue amplio y diverso. Artistas paraguayos giraron fuera del país, como Chiara D’Odorico en Europa o Kuazar, que cerró una histórica gira internacional llevando el thrash metal paraguayo a escenarios europeos y del Reino Unido. La Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura volvió a recorrer el mundo como emblema cultural; Juanjo Corbalán Cuarteto se presentó en Alemania; y proyectos como Che Valle se proyectaron hacia nuevos públicos en la región. En paralelo, la participación de Nath Aponte en La Voz Argentina amplió la visibilidad de una escena joven que busca sus propios lenguajes.

La música académica, contemporánea y de investigación mantuvo un pulso constante. Diego Sánchez Haase estrenó obras en el BachFest de Leipzig y publicó el libro “Designios de la batuta”; Tahyana Perret se encaminó a su debut en el Teatro Colón; José Ariel Ramírez propuso una relectura gráfica y conceptual de la guarania; y Mateo Servián Sforza estrenó una obra para arpa en Darmstadt. Las orquestas nacionales, desde la OSN hasta la OSCA y otras formaciones como OSIC, OFIP, OSIF, sostuvieron ciclos que resultan fundamentales para la vida musical del país.
La memoria volvió a ocupar un lugar central. Los homenajes a Agustín Pío Barrios y Florentín Giménez, al centenario de la guarania, la recuperación de obras inéditas de Carlos Lara Bareiro y la creación de la Fonoteca de la Radio Nacional del Paraguay reafirmaron que el patrimonio musical no es un archivo inmóvil, sino un territorio en resignificación constante.

Escenarios fértiles para la creación
Los festivales y espacios independientes siguieron siendo nodos esenciales: el Festival Mundial del Arpa, el Bach Sudamericano, Jazz Sudaca, CRANEA Música, el Festival Internacional de Cuerdas de Hohenau, Pop Bruto o el Festival Internacional de Clarinetes convivieron con propuestas más frágiles pero vitales, como los conciertos en La Chispa, que logró sobrevivir pese a la presión y el desgaste, o el Festi Feró, estos últimos de gestión netamente independiente.
En tanto, Sonidos de la Tierra, con su Ruta de Festivales y el Primer Festival Nacional de Guitarras, volvió a reunir a miles de músicos, reafirmando el valor del trabajo territorial.

Lo prolífico en la música nacional
La producción discográfica acompañó ese movimiento con una diversidad notable. A lanzamientos de fuerte alcance popular como Todo el mundo está kaliente! de Kchiporros o Señora guarania de Lizza Bogado se sumaron discos que exploraron otros márgenes: Folklore profundo de Ismael Ledesma, Ndaipóri Frontera de Néstor Ló y Los Caminantes, Interser de Arturo Benítez, América Latina de Bohemia Urbana.
También se publicaron Claroscuro de Nott Demian, Pornostalgia de Pornostars, Ganímedes FM de A Días de Júpiter, Kenopsia de 411Y, Apolo el Perro II de Apolo el Perro, No queda nada en mí sin vos adentro mío de Mi sueño póstumo o Ida y vuelta del Ensamble Palito Miranda. El mapa de géneros fue amplio y, sobre todo, difícil de encasillar.

La lista continúa con What if de Ibuki Aran y Chakra Beats de Chino Corvalán. También se lanzaron Eon Beat de The Crayolas, En el medio del desorden de Los Ollies, The Wandering Light de Eyesight y Terminal Funk’Chula de Funk’Chula.
Otros discos que salieron fueron De ciudades a canciones que se hicieron ruta de Altamirano, Latido universal de Entre Hojas, Dopamina de Gaia, Amores de Jazmín del Paraguay, Ponte Da Amizade de Marcelo Ortigoza, Drink Pop de M4R y LSAN, Josías Montanía de Josías Montanía, Espada forjada en canciones de Mr. Hyde, Desahogo de Nudo, Coming home de Nightbound, Colibrí de fuego de Ricardo Flecha, Agreste armonía de Javier Acosta Giangreco, entre muchos otros títulos.
Reconocimentos, despedidas y una mirada al futuro
Los reconocimientos institucionales también marcaron el año: Luis Szarán fue distinguido con la Orden Nacional del Mérito, Lizza Bogado y Luz María Bobadilla recibieron importantes condecoraciones, los Propya Awards celebraron la música nacional y el mundo del streaming otorgó certificaciones que reflejan nuevas formas de circulación y consumo.

El cierre del año estuvo atravesado por la ausencia. Adrián Barreto, Rigoberto Arévalo, Carlos Schvartzman, Kikina Zarza y Doc Ayala dejaron un legado que sigue vibrando en la memoria colectiva y en la música que aún se hace.
Así, entre la espectacularidad de los grandes conciertos y la persistencia de una escena local que no deja de crear, Paraguay volvió a demostrar que su música no se define solo por lo que llega de afuera, sino por lo que, obstinadamente, se sostiene desde adentro.
