El proyecto, concebido el año pasado, originalmente en el marco de los 80 años del nacimiento del artista y que ahora llega a su etapa de lanzamiento público, reúne nueve canciones emblemáticas de Galeano con nuevos arreglos realizados por Giovanni Primerano, además de una composición inédita.
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El álbum estará disponible en plataformas digitales desde el 24 de junio y busca acercar nuevamente su repertorio a públicos contemporáneos a través de un diálogo entre el jazz y las sonoridades tradicionales paraguayas.
Pero más allá del concierto o del disco, la iniciativa vuelve a plantear una pregunta que atraviesa a buena parte de la música paraguaya actual: ¿por qué un artista fallecido en 1980 sigue siendo objeto de homenajes, nuevas grabaciones y reinterpretaciones?
El artista que retrató su tiempo
Para José Antonio Galeano, hermano del compositor, una de las respuestas está en la honestidad de las canciones.
“Alguna vez le preguntaron al propio Maneco sobre su obra musical y él dijo que en varias de sus canciones ‘hay verdad’. Y el público es muy reconocido en eso”, recordó. “Hay verdad en ‘Soy de la Chacarita’, en ‘Despertar’ o en ‘Pinasco’, y también hay verdad en ‘La chuchi’”.
La observación permite entender parte de la vigencia de una obra creada hace más de medio siglo. Las canciones de Maneco no solo retrataban personajes, paisajes o situaciones particulares, sino también aspectos identitarios de la sociedad paraguaya. Sus composiciones hablaban de barrios populares, trabajadores, costumbres cotidianas, desigualdades sociales, aspiraciones y contradicciones que todavía forman parte del paisaje nacional.
Víctor S. Morel, director artístico y baterista de Joaju, coincide con esa lectura. A su criterio, Galeano fue “un cronista de su tiempo”, tal como también lo recuerda Ricardo Flecha. “Alguien que supo interpretar las tradiciones paraguayas sin desconectarse de los procesos culturales que ocurrían más allá de las fronteras del país”.
“Era un artista que desde una visión global interpretaba lo local”, señaló. “Estaba muy compenetrado con las tradiciones de nuestro país, pero sin estar ajeno a su contexto histórico universal”.
Aquella combinación entre identidad local y apertura hacia otras influencias terminó convirtiéndose en una de las características más reconocibles de su obra.

Más que un compositor
Aunque la historia lo recuerda principalmente por sus canciones, la trayectoria de Félix Roberto “Maneco” Galeano abarcó mucho más que la música.
Nacido en Puerto Pinasco el 13 de mayo de 1945, pasó gran parte de su infancia y juventud en Asunción. Desde muy temprano mostró interés por distintas expresiones artísticas y culturales, una inquietud que lo acompañaría durante toda su vida.
Fue periodista, docente, escritor, gestor cultural y músico. Integró el plantel fundacional de ABC Color en 1967 y posteriormente desarrolló una extensa carrera en otros medios de comunicación. También ejerció la docencia en el Colegio San José, institución a la que siempre estuvo muy ligado.

Su actividad cultural trascendió además el ámbito estrictamente artístico. Junto con figuras como Carlos Noguera, Mito Sequera, Juan Manuel Marcos y José Antonio Galeano impulsó la denominada Joven Alianza, un espacio que buscaba reunir a creadores e intelectuales en años marcados por las restricciones de la dictadura stronista.
Existe además una faceta menos conocida de su vida que su hermano considera injustamente relegada por la memoria colectiva.
“Se lo recuerda mucho en sus facetas de músico y periodista, a veces en la de profesor en el Colegio San José, y casi nada como deportista”, comentó José Antonio. “Llegó a ser jugador de básquetbol de primera división en el Club Libertad”.

Canciones para contar el Paraguay
La producción artística de Galeano se desarrolló principalmente entre finales de los años sesenta y mediados de los setenta, un período especialmente fértil en el que nacieron muchas de las obras que hoy forman parte del cancionero paraguayo.
Canciones como “Soy de la Chacarita”, “Despertar”, “San Si Juan no que sí”, “Pinasco”, “La chuchi”, “José trombón”, “El ejecutivo” o “Poncho de sesenta listas” ayudaron a construir una voz singular dentro de la música nacional.
Sus letras combinaban observación social, ironía, humor y sensibilidad poética. A menudo sus personajes provenían de la vida cotidiana y permitían retratar comportamientos, tensiones y cambios de una sociedad en transformación.
La crítica a ciertos sectores de poder convivía con una profunda empatía hacia los sectores populares. Del mismo modo, la celebración de las tradiciones paraguayas aparecía acompañada de una mirada atenta a los problemas sociales y políticos de su tiempo.
Esa capacidad para observar el país desde distintos ángulos es una de las razones por las que sus canciones siguen siendo objeto de nuevas lecturas décadas después de haber sido escritas.

Del canto popular al jazz
El álbum “Maneco 80” parte precisamente de esa posibilidad de reinterpretación. Para Morel, el acercamiento de Joaju a la obra del compositor responde a una afinidad artística profunda. Desde sus inicios, el grupo se propuso desarrollar un lenguaje jazzístico vinculado a referentes paraguayos, una búsqueda que encuentra numerosos puntos de contacto con la manera en que Galeano concebía la creación musical.
Según explicó, el trabajo realizado por Giovanni Primerano buscó conservar los valores fundamentales de cada canción, especialmente en el plano melódico, mientras exploraba nuevas posibilidades armónicas y rítmicas.
“Se busca siempre resaltar los valores mismos de cada canción y, a partir de ahí, enriquecer nuevas estructuras armónicas y rítmicas que puedan homenajearla desde otra sonoridad”, expresó.
Más que una actualización o una adaptación, la propuesta pretende establecer un diálogo entre distintas generaciones de músicos. El repertorio permanece reconocible, pero adquiere nuevos matices a través de una lectura contemporánea.
La elección del jazz tampoco resulta casual. Históricamente, el género se ha caracterizado por la reinterpretación permanente de repertorios anteriores, permitiendo que las obras sobrevivan a sus contextos originales y continúen dialogando con nuevas audiencias.

Un legado que sigue encontrando nuevas voces
La pregunta sobre cómo habría reaccionado Maneco Galeano ante estas nuevas versiones encuentra una respuesta clara en la voz de su hermano.
“Creo poder hablar por él al señalar enfáticamente que le hubiera encantado”, afirmó José Antonio. “Era un permanente experimentador en el arte y estas versiones le hubieran permitido comprobar la versatilidad de su obra”.
La afirmación resulta coherente con la trayectoria de un creador que nunca se conformó con fórmulas establecidas y que buscó constantemente nuevas maneras de expresarse.
Fallecido el 9 de diciembre de 1980 a causa de un cáncer de pulmón, cuando tenía apenas 35 años, Galeano dejó una obra relativamente breve en términos de tiempo, pero extraordinariamente influyente en la cultura paraguaya.
Cuarenta y cinco años (casi 46) después de su muerte, sus canciones continúan siendo interpretadas, estudiadas y revisitadas por músicos de distintas generaciones. El concierto que Joaju y Ricardo Flecha ofrecerán este martes en el Teatro Municipal es una nueva muestra de esa permanencia.
La presentación comenzará a las 20:30 en el Teatro Municipal “Ignacio A. Pane”. Las entradas están disponibles a través de Tuti, con precios desde G. 20.000. Más que un homenaje retrospectivo, la propuesta busca demostrar que la obra de Maneco Galeano sigue siendo una fuente viva de inspiración para la música paraguaya contemporánea.
