El padre recuerda que el diagnóstico de su hija mayor llegó luego de notar dificultades para caminar y frecuentes caídas. La noticia representó un duro golpe para toda la familia, especialmente porque en ese entonces había opciones de tratamiento para la enfermedad.
Lejos de rendirse, Cristian transformó la incertidumbre y el dolor en una lucha diaria, impulsado por el amor incondicional hacia sus hijos. Recordó que tuvo que dejar de lado proyectos personales, tiempo libre y muchas de las actividades que antes formaban parte de su vida para dedicarse por completo al cuidado de sus dos hijos. “Como papá tengo que estar ahí. Aprendí a valorar cada día. Cada momento, cada alegría. Uno empieza a mirar la vida con otros ojos. Cada día es un regalo”, afirma.
Gracias al acceso a tratamientos y cuidados las 24 horas, sus hijos dejaron atrás las frecuentes internaciones y actualmente llevan una vida relativamente estable, estudiando y realizando actividades acordes a sus posibilidades.
Cristian asegura que ver a sus hijos felices es su mayor satisfacción y el mejor regalo como padre. “Son inteligentes, estudian, juegan, pintan y siguen adelante. Eso me llena de orgullo”, expresa.
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En este Día del Padre, envía un mensaje de esperanza a otras familias que atraviesan situaciones similares. “No están solos. Hay que buscar ayuda y no tener miedo ni vergüenza. Por nuestros hijos tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance”, finalizó.
