Obispo pide movilización solidaria de todos los sectores para acompañar a los damnificados

Dos hombres, uno con chaqueta gris y bolsa de tomates, otro con camiseta azul y ramo de papas, caminan en un pasillo urbano apretado.
Un grupo de ayuda llega con bolsas de alimentos al barrio San Rafael de Ciudad del Este.

El obispo de Ciudad del Este, monseñor Pedro Collar, emitió una carta pastoral en la que solicita el acompañamiento de todos los sectores para asistir a las familias afectadas por la crecida del río Paraná. Hasta el momento, más de 1.000 familias fueron afectadas por las inundaciones en la zona.

En la carta pastoral, el obispo de Ciudad del Este, monseñor Pedro Collar Noguera, propone tres ejes de acción que surgieron de los encuentros comunitarios y buscan convertir la preocupación en respuestas concretas ante la emergencia por las inundaciones.

El Plan Pastoral Diocesano convoca a encarnar una Iglesia samaritana y, tras recoger las aportaciones y propuestas de los cinco decanatos de la diócesis, se establecieron tres ejes prioritarios para organizar la caridad cristiana de manera eficaz y sinodal, atender la emergencia y acompañar posteriormente a las comunidades afectadas.

Alerta amarilla en Asunción: rápida crecida del río amenaza a más de 3.300 familias

El primer eje apunta a la asistencia inmediata y la dignificación de las familias afectadas. Para ello, se propone impulsar una campaña de emergencia a nivel diocesano, con la participación de parroquias, colegios y comunidades, además de conformar equipos parroquiales de Pastoral Social que identifiquen a las familias damnificadas y les brinden acompañamiento cercano.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Asimismo, insta a cooperar con las instituciones y autoridades para coordinar esfuerzos y sumar recursos en favor de las personas afectadas. También plantea promover ollas populares y garantizar la alimentación, con especial atención a los niños y a la continuidad de su educación; fomentar el bien común junto con otras confesiones religiosas, y canalizar las donaciones destinadas a los damnificados a través del cura párroco y de los consejos Económico y Pastoral.

El segundo eje busca promover la movilización solidaria y la corresponsabilidad de los laicos. En ese sentido, pide motivar a los fieles para que colaboren directamente con las familias afectadas y promover colectas solidarias en todas las comunidades. También propone invitar a las comunidades de las capillas a realizar aportes voluntarios, utilizar los medios de comunicación social para difundir información veraz y organizar la ayuda, así como solicitar la colaboración de los colegios con mayor capacidad para que funcionen como centros de acopio y distribución.

Inundaciones dejan al descubierto un río de basura que termina en el Paraná

El tercer eje se centra en el acompañamiento espiritual y la atención a las parroquias más afectadas. Para ello, plantea brindar asistencia pastoral y espiritual a las familias damnificadas, especialmente a aquellas que perdieron a seres queridos o sus viviendas, y prestar atención especial a las parroquias más golpeadas por la emergencia, asegurando que ninguna quede sola ni desatendida.

También propone promover espacios de oración comunitaria y celebraciones de la Eucaristía en los campamentos y refugios, además de considerar la carta pastoral como un instrumento de comunión y un llamado a la conversión samaritana.

Cuatro hombres en una reunión interior. Uno habla con chaqueta verde, mientras los demás escuchan atentos con diferentes atuendos.
El obispo Pedro Collar (derecha), junto a autoridades locales y nacionales, durante una reunión sobre la inundación.

Una caridad que dignifica en una emergencia que interpela

Con estas acciones, se busca impulsar expresiones vivas y tangibles de la Iglesia samaritana que anhela la Iglesia católica. “Cada gesto de ayuda, por pequeño que parezca, cada donación generosa, cada oración confiada y cada visita fraterna a una familia afectada es un paso firme en el camino de la misericordia, una caridad que dignifica tanto a quien la recibe como a quien la ofrece”, refiere el obispo en su carta.

Asimismo, señala que la emergencia interpela profundamente la fe de los creyentes. “No podemos pasar de largo ni mirar hacia otro lado. Hoy, el Señor nos llama a ser verdaderos samaritanos: a detener el paso, compadecernos de corazón y actuar con pronta generosidad. Los animo a participar con entusiasmo en las iniciativas impulsadas por sus parroquias y decanatos, colaborando con corazón dispuesto y según sus posibilidades, pero, sobre todo, manteniendo encendida la llama de la esperanza. Que nadie en nuestro territorio se sienta solo o abandonado en medio de esta prueba”, expresa la carta pastoral.

Más de 1.000 familias afectadas

Niño con camiseta amarilla, joven con camiseta oscura y hombre con camiseta roja revisan daños tras inundaciones en un ambiente urbano.
En el barrio San Rafael, el nivel del agua registra un leve descenso, pero la situación sigue siendo crítica para los pobladores.

Ante la crecida de los ríos y arroyos de la zona, más de 1.000 familias se vieron obligadas a abandonar sus viviendas para refugiarse en campamentos precarios e improvisados, donde están expuestas a la intemperie y la incertidumbre. Otras encontraron refugio en las casas de familiares y amigos.

Hasta ayer, la Municipalidad de Ciudad del Este contabilizó más de 1.000 familias afectadas, lo que representa a unas 3.000 personas, entre ellas varios niños.

El río Paraná permanece estable desde el viernes pasado, pero con niveles de inundación, por lo que las casas siguen bajo agua en varios sectores, principalmente en los barrios San Rafael y San Agustín.