La luz azul, enemiga de la melatonina
La mayoría de los dispositivos móviles emiten una fuerte proporción de luz azul, la misma parte del espectro que el cerebro asocia con el día. Diversos estudios han mostrado que, al exponerse a ella en las horas previas al descanso, se retrasa la liberación de melatonina, la hormona que indica al cuerpo que es hora de dormir.

El resultado es un sueño que llega más tarde, más ligero y con mayor probabilidad de despertares nocturnos. Incluso los modos “night shift” o filtros cálidos reducen, pero no eliminan, este efecto.
El scroll infinito y la mente en alerta
No se trata solo de la luz. El contenido que consumimos en el celular está diseñado para capturar la atención. Notificaciones, videos cortos, noticias de último minuto o hilos interminables mantienen el cerebro en un estado de alerta incompatible con la relajación previa al sueño.
Los especialistas en higiene del sueño hablan de “hiperactivación cognitiva”: pensamientos acelerados, emociones intensas, sensación de urgencia. Esa mezcla puede traducirse en dificultad para conciliar el sueño o en una mente que “no se apaga” cuando por fin se apagan las luces.
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Lo que hace un libro por tu cerebro
Leer un libro en papel, en cambio, activa otra lógica mental. El ritmo es más pausado, la atención se concentra en una sola tarea y el ambiente suele ser más silencioso. Esa combinación facilita la transición del estado de vigilia a uno de calma.

Además, la lectura analógica no bombardea con estímulos imprevistos. No hay notificaciones emergentes ni cambios bruscos de tema cada pocos segundos. Al terminar un capítulo o una página, el cerebro recibe una señal clara de cierre que favorece el sueño.

Incluso la dimensión física cuenta: el peso del libro, el gesto de pasar la página, la postura establecida para leer ayudan a que el cuerpo asocie esa rutina con el final del día.
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¿Y los e‑readers?
Los lectores electrónicos de tinta electrónica representan un punto intermedio. Aunque algunos modelos incluyen luz integrada, su brillo y composición espectral suelen ser menos agresivos que la de un celular o una tablet.

Configurarlos con iluminación baja y tonos cálidos reduce todavía más el impacto sobre el sueño.
Sin embargo, la recomendación de los expertos se mantiene: cuanto menos pantalla retroiluminada en la cama, mejor.
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Cómo dar el salto del celular al papel
Cambiar de hábito no ocurre de un día para otro, pero pequeños ajustes pueden marcar la diferencia. Establecer una “hora límite de pantalla” —30 a 60 minutos antes de dormir— es un primer paso.
Dejar el teléfono cargando fuera de la habitación o lejos de la cama corta la tentación del “solo un minuto más”.
Elegir lecturas ligeras para la noche también ayuda: novelas, cuentos o ensayo narrativo suelen ser más propicios para relajarse que textos técnicos o de trabajo.
Repetir cada noche la misma secuencia —apagar el celular, encender una lámpara tenue, abrir el libro— va reforzando en el cerebro la asociación entre lectura y descanso.
Dormir bien no es un lujo, es un pilar de la salud física y mental. En un mundo dominado por pantallas, reservar el último tramo del día para un libro es, además de un gesto cultural, una inversión silenciosa en una mejor calidad de vida. Tu rutina de sueño, probablemente, te lo agradecerá.
