Poco después de comenzar el año, el actor español Álex González publicó en sus redes sociales un vídeo acompañado de una invitación que sonaba conocida, pero con un giro: “¿Unas cervezas hoy? No puedo, tengo planes”. Sus planes, aclaraba, no eran otros que entrenar, comer saludable y sumergirse en bañeras llenas de cubitos de hielo. “La disciplina es el mayor gesto de amor propio. Solo tienes un cuerpo”, añadía, según un informe de El País, España.
A sus 45 años, González exhibe un físico atlético, fibroso y juvenil. Su perfil digital se ha transformado en una sucesión de grabaciones de entrenamientos variados y rutinas de cuidado físico.
En una de esas publicaciones aparece junto al creador de contenido y entrenador Jorge Darek, quien, en conversación con el actor, asegura preferir comer y hacer deporte antes que practicar sexo.
Lea más: Musculación y placer: cómo el culto al cuerpo influye en la intimidad masculina
Su mensaje se complementa con propuestas más estructuradas: en abril organiza la segunda edición de un retiro en Bali de siete días que, advierte, no es un retiro turístico al uso. “No hay buffets de comida procesada ni actividades de relleno. Hay mantequilla de pasto, entrenamiento bajo el sol de Bali y un entorno diseñado para elevar tu estándar”, promete.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Retiros extremos y campamentos de masculinidad
El fenómeno no se limita a la figura de un entrenador concreto. También en Bali se celebra Bali Time Chamber, un campamento de entrenamiento solo para hombres que plantea reglas estrictas.
En su perfil de Instagram lo describen así: “No puedes beber, fumar ni comer comida basura. Lo único que puedes hacer allí es entrenar duro, reconectar con la naturaleza, comer carne de primera calidad, ir a la sauna, conversar con otros hombres con ideas afines, tomarte un tiempo para reflexionar, tomar un baño de hielo, aprender nuevas habilidades, concentrarte en tus objetivos y trabajar en tu negocio”.
Este tipo de propuestas han llegado incluso a la ficción. En la nueva temporada de la serie de Netflix Machos Alfa, los protagonistas acuden a un campamento de masculinidad en el que devoran enormes piezas de carne cruda y entrenan como militares, caricaturizando algunas de las dinámicas presentes en estos espacios.
Lea más: El negocio del desamor: cómo las rupturas moldean la cultura y la masculinidad contemporánea
“Fomentan que los hombres se identifiquen con un perfil concreto”
Xabier Sánchez, entrenador y experto en respiración, postura y movimiento, analiza este auge de retiros y experiencias intensivas. En su libro Dejar ser. Otra forma de vivir (Editorial Espasa, 2026) y en conversación con ICON, de El País, advierte de los riesgos de sus mensajes cerrados.
“Este tipo de retiros vienen a fomentar que los hombres se identifiquen con un perfil concreto de hombres y eso debilita la relación entre hombres y mujeres”, sostiene.
A su juicio, “mucha gente tiene una mirada de la salud condicionada y polarizada. Cada uno se tiene que ir dando cuenta de aquello que le sienta bien o no. Mi experiencia me dice que las posiciones autoritarias o radicales no son eficientes a largo plazo”.
Menos alcohol, más deporte: el contexto generacional
El boom de la vida saludable se produce en un contexto de cambio de hábitos significativo.

El Estudio sobre percepción y hábitos de consumo de bebidas con alcohol entre los jóvenes españoles 2023, elaborado por 40dB, indica que el 53,6% de los jóvenes mayores de edad (de 18 a 30 años) afirma haber reducido la ingesta de alcohol.
El sociólogo Mariano Urraco, de la Universidad Complutense de Madrid, explicaba en la Cadena SER que, para la generación Z, que apuesta por hábitos cada vez más saludables y comparte en redes sus entrenamientos, “el nuevo dios es el cuerpo”.
En este marco, figuras públicas y creadores de contenido ganan popularidad relatando cómo sus cambios de estilo de vida han transformado su día a día.
Lea más: El “core” y el placer: la relación directa entre unos abdominales fuertes y orgasmos más intensos
Historias de transformación: del ocio nocturno al hábito
El coach Tyler Mcmanus es uno de esos referentes. Tras dar un giro saludable a su propia vida, ahora asesora a clientes que buscan replicar ese cambio. “Pasé de salir de fiesta casi todos los fines de semana y perder el control de mi potencial a centrarme por completo en mis hábitos, entrenamiento y mentalidad”, explicó en su perfil de Instagram.
Al apartar las distracciones, cultivar la disciplina y sostener la constancia, no solo cambió su estado físico, sino también el rumbo de su vida, dice.
¿Dónde está el problema?
El giro hacia la mejora personal, sin embargo, puede llegar a un extremo problemático.

Luis Miguel Real, autor de La Mentira de la Fuerza de Voluntad (Yonki Books, 2025), describe un perfil emergente: personas que han eliminado el alcohol, el tabaco, la comida ultraprocesada y cualquier sustancia que altere mínimamente su estado natural.
“Son personas que comen perfectamente (si es que eso existe), entrenan todos los días, duermen sus ocho horas como si fuese un mandamiento y se saben de memoria la lista de ingredientes prohibidos de cualquier producto. Pero no solo lo hacen, sino que lo predican. Y lo predican fuerte”, señala al medio español.
“No beben ni una copa, miran con desdén a quien pide un trozo de tarta y no perdonan ni una sesión de gimnasio. En apariencia, son el ejemplo de la fuerza de voluntad, de la disciplina y del autocuidado. Pero en la práctica, muchas veces se comportan como adictos que han sustituido unas conductas por otras. Y cuidado, porque detrás de tanta salud, puede haber un problema”.
Lea más: Ciclismo y salud sexual: mitos y verdades sobre el uso de la bicicleta y la sensibilidad genital
El papel del equilibrio: salud sin moralismo
Frente a los discursos más extremos, otros profesionales del entrenamiento reclaman un enfoque matizado. Javier Menéndez, entrenador y CEO de la plataforma Entrena Virtual, insiste en que la clave no está en prohibir, sino en entender el impacto de los hábitos a lo largo del tiempo.
Según el mismo, la idea central no pasa por prohibir ni estigmatizar, sino por comprender cómo determinados hábitos influyen a largo plazo y, a partir de eso, elegir de forma más consciente.
“El problema aparece cuando el discurso se vuelve extremo o moralista. La salud no debería vivirse desde el miedo ni desde la culpa. Puedes salir, comer algo menos saludable o tomarte una copa de vez en cuando y no pasa absolutamente nada si tu base está cuidada. Para mí, un estilo de vida saludable es una elección consciente, flexible y sostenible. No va de presumir en redes ni de ser perfecto, sino de cuidarte la mayor parte del tiempo para poder permitirte vivir sin obsesión”.
Una etapa clave entre los 30 y los 40 años
Menéndez sitúa entre los 30 y los 40 años un momento especialmente importante para consolidar rutinas saludables: el cuerpo “ya no perdona igual” y cobra sentido entrenar y comer pensando en la salud a largo plazo, no solo en el rendimiento inmediato.
Su propuesta pasa por “apostar por la comida real y regular, sin obsesión por la perfección”, y por implantar hábitos sostenibles que se puedan mantener durante años.
Añade dos elementos que considera fundamentales: el descanso y la gestión del estrés. “Dormir bien, bajar el ritmo cuando toca y escuchar al cuerpo es parte del entrenamiento, aunque no se vea en redes”, recalca.
A su juicio, el foco debe ponerse en la regularidad y no en la perfección: cuidar la salud no implica hacerlo todo perfecto, sino reconocer que lo que se repite en el tiempo deja huella. Cuando el cuerpo se cuida la mayor parte del tiempo, hay margen para excepciones sin culpa: eso también forma parte de una relación sana con la salud.
Lo que se esconde tras la rigidez
En el plano psicológico, Luis Miguel Real concluye que detrás de muchas rutinas extremas no siempre hay amor por la salud, sino miedo. Miedo al descontrol, al juicio ajeno y a sentirse poco valioso si no se cumple con un estándar autoimpuesto.
“Es lo que en psicología llamamos rigidez cognitiva: una forma de pensar en blanco y negro, en términos de todo o nada, en la que cualquier desviación se vive como un fracaso personal”, explica.
A esto se añade lo que define como una falsa superioridad moral: la idea de que algunas personas se perciben por encima del resto por haber aprendido a controlar sus impulsos, al no ceder ante la pereza, el hambre, el deseo o la tentación.
Fuente: El País
