Basta con mirar alrededor en el transporte público o en una fila: cabeza inclinada, hombros hacia adelante, pantalla a pocos centímetros del rostro. Ese gesto, repetido cientos de veces al día, tiene nombre en la conversación médica y del bienestar: “text neck” o cuello de texto, una forma de sobrecarga postural asociada al uso prolongado del celular y otros dispositivos.
Aunque no se trata de un diagnóstico único y universal, el término se usa para describir dolor y rigidez en cuello y parte alta de la espalda provocados por mantener la cabeza flexionada durante mucho tiempo.
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La mecánica es simple: cuanto más se inclina el cuello, más esfuerzo realizan músculos y tejidos para sostener la cabeza.

En la práctica, esa tensión sostenida puede traducirse en contracturas, dolor de hombros, cefaleas, sensación de cansancio e incluso hormigueo en brazos en personas susceptibles.
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Por qué el celular cambia la postura
El teléfono empuja a una postura “encorvada”: brazos pegados al cuerpo, mirada hacia abajo, espalda alta redondeada.
Con el tiempo, el cuerpo se adapta a lo que más repite. Así, no solo aparece el dolor después de una jornada de mensajes: también puede instalarse una postura con cabeza adelantada y hombros protractados, que altera patrones de movimiento al trabajar, entrenar o dormir.
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El problema se agrava por dos factores cotidianos: sesiones largas sin pausas (scroll infinito, series cortas, chats) y el uso del celular en contextos que empeoran la ergonomía, como la cama o el sofá.
Señales de alerta
No todo malestar cervical es “text neck”, pero conviene prestar atención si aparecen: dolor que se repite al usar el teléfono, rigidez matinal, chasquidos con limitación de movimiento, cefaleas tensionales, sensación de “peso” en la nuca o molestias que bajan al brazo.

Si hay debilidad, pérdida de sensibilidad, dolor intenso persistente o síntomas que no mejoran, es recomendable consultar a un profesional de salud.
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Cómo reducir el impacto (sin dejar el celular)
La estrategia más efectiva es cambiar el ángulo: llevar la pantalla a la altura de los ojos y acercarla, en vez de bajar la cabeza.
Ayuda sumar pausas breves cada 20–30 minutos para mover cuello y hombros, y alternar tareas.
También sirven ajustes simples: apoyar los antebrazos, usar soporte, dictado por voz o teclado externo cuando se escribe mucho.
En paralelo, el cuerpo agradece lo básico: fortalecer espalda alta, mejorar movilidad torácica y estirar suavemente pectorales y cuello. No es una cruzada contra la tecnología: es una invitación a usarla con una postura que no pase factura.
