Fátima Agüero y la carrera contra el paso del tiempo

La dermatóloga habló sobre Botox, rellenos, skincare y los tratamientos que hoy forman parte de una conversación cada vez más cotidiana. Pero detrás de todo eso hay una pregunta que me quedó dando vueltas: ¿realmente queremos envejecer mejor o queremos, simplemente, no envejecer?

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Hay una pregunta que aparece cada vez que alguien se ve demasiado bien: ¿qué se hizo?

Ya no es una pregunta que se hace en voz baja. Hablamos de Botox, ácido hialurónico, bioestimuladores, láseres, aparatología y todo tipo de tratamientos con una naturalidad que hace unos años parecía reservada a las revistas de celebridades.

Y en esa conversación hay algo que cambió: ya no se trata solamente de querer verse más joven. Queremos vernos descansados, frescos, naturales. Queremos que nadie se dé cuenta de qué nos hicimos, pero que todos noten que estamos mejor.

Una especie de paradoja estética: queremos hacer algo, pero queremos que parezca que no hicimos nada.

Fátima Agüero, dermatóloga, conoce bien esa búsqueda. En nuestra conversación hablamos de Botox, rellenos, skincare y de cómo la medicina estética fue dejando de ser un tema casi secreto para convertirse en parte de la rutina de muchas personas.

Y hay algo interesante en ese cambio. Hoy una mujer puede hablar tranquilamente de su crema, de su protector solar o de que se hizo Botox. Ya no necesariamente lo esconde.

Pero que algo se haya vuelto cotidiano no significa que haya dejado de ser una decisión que merece ser pensada.

Los números muestran hasta qué punto creció este fenómeno. Según datos de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS), los procedimientos estéticos no quirúrgicos ocupan un lugar cada vez más importante a nivel mundial, solo en el 2024 se realizaron más de 20 millones. Y Paraguay tampoco está fuera de esa tendencia: la medicina estética forma parte de una industria que crece y que alcanza a personas cada vez más jóvenes.

No es solamente una cuestión de vanidad. Hay una industria enorme alrededor del deseo de vernos mejor, de sentirnos mejor y, cada vez más, de no mostrar la edad que tenemos.

Y ahí es donde la conversación se vuelve más interesante.

Porque una cosa es querer cuidarse. Otra es sentir que cada arruga, cada mancha, cada cambio en la cara o cada signo del paso del tiempo es un problema que tenemos que solucionar.

Fátima Agüero sentada en sillón, con blusa clara y pantalones oscuros, discutiendo temas de salud frente a un micrófono en un ambiente profesional.
La médica dermatóloga Fátima Agüero aborda temas de dermatología

Quizás por eso me interesó tanto hablar con Fátima. Porque más allá de qué tratamiento funciona mejor, de cuánto dura el Botox o de cuándo conviene empezar con determinado procedimiento, aparece una pregunta bastante más difícil de responder: ¿cuándo dejamos de cuidarnos y empezamos a perseguir una versión de nosotros mismos que ya no existe?

No creo que haya una respuesta única.

Hay personas que se sienten felices haciéndose tratamientos y otras que prefieren dejar que el tiempo haga su trabajo. Y ninguna de las dos decisiones debería convertirse en una batalla moral.

El problema aparece cuando dejamos de elegir y empezamos a sentir que tenemos que hacerlo.

Porque las redes sociales tampoco ayudan demasiado. Vemos caras lisas, pieles perfectas, filtros que borran poros y una versión de la belleza en la que parece que el tiempo no pasa para nadie.

Y después nos miramos al espejo a la mañana, con la cara hinchada, una marca de la almohada y una arruga nueva que ayer juramos que no estaba.

Ahí empieza la carrera.

Una carrera contra las arrugas, contra la flacidez, contra las manchas, contra las canas y, en definitiva, contra algo bastante más grande: el paso del tiempo.

La medicina estética puede hacer muchísimo. Puede suavizar, mejorar, acompañar y, en muchos casos, ayudarnos a sentirnos mejor con nuestra imagen. Pero no puede detener el reloj.

Y quizás tampoco deberíamos pedírselo.

Y quizás esa sea la pregunta que vale la pena hacerse antes de elegir un tratamiento: ¿queremos realmente envejecer mejor o estamos tratando, de todas las maneras posibles, de no envejecer?

Porque una cosa es cuidar la piel, acompañar el paso del tiempo y querer vernos bien. Y otra, bastante distinta, es vivir cada signo de la edad como algo que hay que corregir.

La medicina estética puede ayudarnos a sentirnos mejor con nuestra imagen. Pero quizás también necesitamos aprender a convivir con algo que ningún tratamiento puede detener: el paso del tiempo.