Despertarse con la cama revuelta, recibir el relato de una conversación nocturna o sentir vergüenza por haber caminado dormido puede convertir el descanso en una fuente de preocupación. Las parasomnias son conductas anormales que aparecen durante el sueño o al despertar.

Qué pasa en el cerebro durante una parasomnia
Dormir no es un estado uniforme. El cerebro alterna entre etapas de sueño ligero, profundo y sueño REM, la fase en la que predominan los sueños vívidos. Las parasomnias aparecen cuando esos sistemas no hacen una transición completamente coordinada: una parte del cerebro permanece dormida mientras otra activa movimientos, emociones o conductas.

Por eso alguien puede sentarse en la cama, hablar o caminar sin estar realmente consciente de lo que hace. En el sonambulismo y los terrores nocturnos, más frecuentes en la infancia pero posibles en adultos, suele haber un despertar incompleto desde el sueño profundo. La persona puede tener los ojos abiertos, parecer alerta y, sin embargo, no recordar el episodio al día siguiente.
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Las pesadillas, en cambio, ocurren habitualmente en sueño REM y suelen recordarse. También existen conductas del sueño REM, en las que la persona representa físicamente un sueño —patea, golpea, grita— porque falla la inhibición muscular que normalmente evita que el cuerpo actúe lo que se está soñando.
Cuáles son las parasomnias más comunes
Hablar dormido, despertar confuso, tener pesadillas recurrentes, sufrir terrores nocturnos, caminar dormido, comer durante la noche sin plena conciencia o rechinar los dientes son manifestaciones posibles. No todas requieren tratamiento médico: un episodio aislado después de una noche de fiebre, estrés o poco descanso no tiene el mismo significado que conductas frecuentes, intensas o peligrosas.

El estrés sostenido, la falta de sueño, los horarios irregulares, el consumo de alcohol y algunas medicaciones pueden aumentar la probabilidad de episodios en personas predispuestas.
También conviene revisar si hay apnea del sueño, síndrome de piernas inquietas, ansiedad, trauma psicológico u otros trastornos que fragmentan el descanso.
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Cómo se tratan las parasomnias
El tratamiento depende del tipo de parasomnia y de su impacto. El primer paso suele ser una evaluación clínica que incluya horarios de sueño, consumo de sustancias, medicación, antecedentes familiares y descripción de los episodios.
Si hay dudas, un especialista en medicina del sueño puede indicar una polisomnografía, un estudio nocturno que registra actividad cerebral, respiración y movimientos.
En muchos casos, ordenar la rutina tiene valor terapéutico: mantener horarios estables, dormir las horas necesarias y reducir alcohol u otras sustancias que alteran el sueño puede disminuir los despertares parciales. No se trata de “relajarse más”, sino de reducir la privación y fragmentación del sueño, dos factores que facilitan estos eventos.

La seguridad es prioritaria cuando hay sonambulismo o movimientos intensos: retirar objetos con los que alguien pueda lesionarse, asegurar puertas y ventanas y evitar dormir en cuchetas puede prevenir accidentes. Durante un episodio, conviene guiar a la persona con calma hacia la cama en lugar de despertarla bruscamente.
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Si las pesadillas son repetidas y se vinculan con trauma, la psicoterapia puede trabajar sobre la ansiedad y las imágenes nocturnas. Cuando las conductas durante el sueño REM aparecen en la adultez, son violentas, generan lesiones o surgen junto con somnolencia diurna marcada, la consulta médica no debe postergarse.
