El cáncer de próstata es uno de los más frecuentes entre los hombres, pero también uno de los que tiene mejores perspectivas de tratamiento cuando se detecta a tiempo. En sus etapas iniciales suele no presentar síntomas, por lo que los controles médicos periódicos son importantes para favorecer un diagnóstico temprano.
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¿Desde cuándo?
Si no tenés factores de riesgo particulares, las guías internacionales indican empezar alrededor de los 50. Hay dos casos en los que se adelanta:

- A los 45: si tu papá, un hermano o un hijo tuvo cáncer de próstata antes de los 65, o si sos de ascendencia africana, un grupo en el que la enfermedad tiende a ser más agresiva.
- A los 40: si hay más de un familiar directo diagnosticado joven, o si sabés que tenés una mutación en los genes BRCA1 o BRCA2.
¿Qué estudios te hacen?
Son dos y ninguno es complicado.
- PSA (antígeno prostático específico). Es un análisis de sangre que mide una proteína que produce la próstata. Un valor alto no siempre es cáncer: también lo suben el agrandamiento benigno de la próstata y las infecciones, como la prostatitis.
- Tacto rectal. El urólogo palpa la próstata para revisar tamaño, forma y consistencia, y buscar nódulos o zonas duras. Dura unos segundos y no duele.
Con los dos juntos el médico tiene más información que con uno solo. Si el PSA te conviene o no, y cada cuánto, es algo para decidir con él según tu caso.
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Lo que sí podés cambiar
La edad y la herencia no se tocan. Los hábitos sí: moverte seguido y comer variado te hace bien en general, aunque no reemplaza el control.
Mucha gente posterga la consulta por vergüenza. Son unos minutos en el consultorio, y a cambio llegás a enterarte a tiempo de algo que, si se encuentra temprano, tiene muy buen pronóstico.
