Un ejemplo son el pan y el yogur. Si tiene los sentidos bien despiertos, puede confiar en ellos: oliendo, observando y probando el producto notará si está pasado o no.
El frío de la nevera suele evitar el desarrollo rápido de las bacterias o de los hongos, y en el refrigerador esa evolución incluso es interrumpida, con lo cual siempre es útil mantener los alimentos fríos. Eso sí: si no logra poner en la nevera carnes o pescados en un lapso de entre dos y tres horas después de comprados, más vale que los consuma ese mismo día.
Refrigerar los productos no mata a los gérmenes, con lo cual las carnes, aunque las coloque en el refrigerador, pueden echarse a perder con el tiempo. Si tiene mal olor, un color grisáceo o una capa pegajosa, quiere decir que se le han generado bacterias y debe ir directo a la bolsa de residuos.
Otro tip bastante útil: si un paquete que contiene hierbas secas se humedece, se fomenta la generación de bacterias. Es decir, cuando cocine o se prepare un té, no sostenga el paquete sobre el vapor.
