Wine Spritzers: el regreso del vino con burbujas y hielo que está dominando las tardes de calor

Durante años, pedir vino con hielo en un bar era casi una herejía. Hoy, sin embargo, vasos altos llenos de cubitos, burbujas y tonos rosados, blancos o incluso naranjas se han vuelto protagonistas de las terrazas.

Spritzer de vino tinto.
Spritzer de vino tinto.

El viejo “vino con gaseosa” se ha reinventado con nuevo nombre y estética: los wine spritzers han vuelto y están conquistando las tardes de calor.

Del tabú al trago de moda

En España, mezclar vino y refresco nunca fue del todo ajeno: tinto de verano, clarete con gaseosa, kalimotxo. Pero hoy se hace con mejor vino, ingredientes medidos y presentación pensada para redes sociales.

Spritzer de vino blanco.
Spritzer de vino blanco.

Las propuestas son variadas: blanco joven con soda y piel de limón, rosado con tónica y frutos rojos, incluso vinos naranjas con agua con gas y un toque de bitter.

No es una revolución técnica, pero sí cultural: se legitima la idea de que el vino puede ser ligero, frío y descaradamente refrescante.

Qué es exactamente un wine spritzer

El término viene de Centroeuropa —“spritzer” deriva del alemán spritzen, rociar— y describe básicamente vino mezclado con agua con gas, soda o alguna bebida carbonatada, servido muy frío y casi siempre con hielo.

Spritzer de vino blanco.
Spritzer de vino blanco.

A partir de ahí, el abanico es amplio: proporciones distintas, cítricos, hierbas aromáticas, incluso un golpe de vermut o licor amargo.

La clave está en tres elementos: burbuja, baja graduación y sensación de frescor. Frente a cócteles más alcohólicos, el spritzer se presenta como una opción “de tarde larga”: se puede beber despacio, alargar la conversación y evitar la pesadez que provoca una copa de vino potente bajo el sol.

Calor, moderación y estética: por qué ahora

El éxito del spritzer no se entiende sin el contexto. Los veranos son más largos y más calurosos, las terrazas son un ritual casi diario y las generaciones más jóvenes se muestran más preocupadas por el consumo moderado de alcohol.

Spritzer de vino tinto.
Spritzer de vino tinto.

El formato encaja: un trago sencillo, más ligero y que no exige grandes conocimientos de vino.

A esto se suma el componente visual. Vasos altos llenos de hielo, rodajas de naranja o limón, colores vivos y burbujas fotogénicas se han convertido en un reclamo en Instagram y TikTok.

Spritzer de vino rosé.
Spritzer de vino rosé.

El spritzer, como antes el gin-tonic “de autor” o el spritz italiano, se convierte en un objeto estético además de una bebida.

En casa: la democratización del cóctel de tarde

El auge de los spritzers no se queda en la hostelería. La sencillez de la receta está llevando el fenómeno al ámbito doméstico. Bastan una botella de vino blanco o rosado, agua con gas o tónica y algo de hielo para montar, sin mucha técnica, una bebida capaz de transformar una merienda en una suerte de aperitivo prolongado.

Frente a la coctelería clásica, que requiere destilados, medidas precisas y cierta pericia, el spritzer tiene algo de juego improvisado. Se prueban distintas proporciones, se añaden cítricos o hierbas que haya en la heladera y cada casa acaba encontrando su versión preferida.

Entre la tradición y el futuro

El regreso del vino con burbujas y hielo no es solo una moda pasajera, sino un síntoma de una transformación más profunda en la forma de beber: se busca frescor, ligereza, flexibilidad horaria y menor graduación, sin renunciar al ritual social del vaso en la mano.

Mientras algunos puristas seguirán defendiendo que el vino debe tomarse solo y a una temperatura concreta, una nueva generación de consumidores parece haber decidido que también es vino ese trago frío, burbujeante y lleno de hielo que acompaña las tardes de calor.

Y los wine spritzers, en ese equilibrio entre tradición popular y nueva estética, se han colocado en el centro de esa conversación.