En un ambiente festivo, la llamada “Marcha por la democracia” llenó la emblemática Avenida Paulista de la mayor ciudad de Brasil con personas vestidas de rojo, el color del Partido de los Trabajadores.
“Olé, olé, olé, olá, Lula, Lulaaa”, coreaban unos; “Fascistas, fascistas, no pasarán”, gritaban otros, a la espera de la llegada del presidente al acto.
Este fue el mitin más multitudinario de la campaña desde que el líder progresista quedó segundo en la primera vuelta de los comicios celebrada el domingo pasado, un resultado que ninguna encuesta pronosticaba y que el propio candidato tachó de “inesperado”.
Hoy, sin embargo, Lula adoptó un tono optimista sobre sus opciones de victoria al dirigirse a los asistentes y llamó a movilizar a los más de 30 millones de brasileños que no acudieron a las urnas el domingo pasado, principalmente a las personas de edad avanzada.
“Tenemos una responsabilidad muy grande; no podemos permitir que los ladrones vuelvan a gobernar este país”, exclamó.
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El mandatario recordó, además, que el Senado tiene previsto votar la próxima semana la reducción de la semana laboral, una medida que espera que energice su campaña y que ponga contra las cuerdas a Bolsonaro, que tiene una agenda económica liberal.
Flávio Bolsonaro también estuvo hoy en São Paulo para reunirse con alcaldes de la región metropolitana de la ciudad, con una población de más de 20 millones de personas.
En esta región, la más poblada del país, el candidato ultraderechista ya cuenta con el apoyo de sus principales representantes políticos, el gobernador Tarcísio de Freitas y el alcalde Ricardo Nunes.
Aunque Bolsonaro no se dio un baño de masas como Lula, sí tuvo buenas noticias en forma de decisiones judiciales.
El Tribunal Superior Electoral ordenó cerrar un canal de whatsapp favorable al presidente, después de que Bolsonaro se quejara de que difundía noticias falsas en su contra.
