En estos días de frío invierno, aquí en la Cordillera de Amambay, fuimos sorprendidos por un temporal fuera de lo común; lluvia torrencial, granizadas y fuertes ráfagas de viento que barrieron con toda la furia los barrios más carenciados de la ciudad llevando a su paso adobe, ladrillos, tejas, fibrocemento, gallinas, perros y hasta vacas; construcciones enteras no resistieron a tan duro embate y se precipitaron al suelo. Solo algunas humildes casas resistieron a tan dura prueba que luego enseguida sirvieron como albergue a niños, jóvenes, adultos, a ancianos del vecindario, que tuvieron que pasar la madrugada fría, como auténticos damnificados acurrucados en un rinconcito sin poder dormir y a la espera de la tan ansiada llegada del día.
No cabe en mi mente que un país tan pequeño como el nuestro, con aproximadamente 6.000.000 de habitantes, con tantas riquezas naturales, pobres semejantes de esta tierra que tanto amamos y que son menos afortunados, tengan que enfrentar situaciones tan deprimentes y dolorosas como las mencionadas más arriba.
Afirman que en el mundo capitalista la riqueza cae en manos de unos pocos y Paraguay no es la excepción con el agregado de la corrupción por todos lados y el pokarê característico de mucha gente; existe una despreocupación desmedida de un paraguayo hacia otro paraguayo y esta triste realidad lleva al pueblo a situaciones lamentables e indignantes.
En los tiempos actuales es de suma importancia tener en cuenta la economía con rostro humano como lo ha afirmado el papa Francisco, donde todos puedan disfrutar de un mundo distinto, próspero, con salud y educación para todos y un techo digno donde cada paraguayo pueda sentirse seguro ante de la adversidad de la vida.
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Este país será diferente cuando la riqueza que posee sea distribuida en forma equitativa entre todos y se deje de lado el prebendarismo, el clientelismo y el amiguismo y fundamentalmente que cada uno de nosotros hagamos lo que nos corresponde con dedicación y esmero de modo que todos juntos forjemos el Paraguay pujante e igualitario que todos anhelamos.
Luis Gilberto Niz Valiente