Sarna y hongos: mitos y verdades sobre las enfermedades de la piel que se contagian a humanos

Perro con enfermedad de la piel.
Perro con enfermedad de la piel.Shutterstock

Picor intenso, manchas rojas, descamación. Cuando la piel se altera, una de las primeras sospechas suele ser “sarna” o “hongos”. Ambas palabras generan alarma, sobre todo cuando hay animales en casa. Pero ni todo lo que pica es sarna, ni cualquier mancha circular es un hongo, y mucho menos son sinónimo de “suciedad”.

Qué es realmente la sarna

La sarna humana es una infestación producida por un ácaro, Sarcoptes scabiei, que se introduce en la capa más superficial de la piel. El síntoma típico es un picor muy intenso, que empeora por la noche, acompañado de pequeños surcos o vesículas, sobre todo en manos, muñecas, pliegues y zona genital.

Perro con enfermedad de la piel.
Perro con enfermedad de la piel.

Se contagia principalmente por contacto piel con piel prolongado, como compartir cama o vivir en la misma casa. La transmisión por ropa o sábanas es posible, pero mucho menos frecuente de lo que se cree. No aparece por “no bañarse”, sino por contacto con una persona infestada: una familia muy cuidadosa con la higiene puede tener un brote si alguien trae el parásito.

En el caso de los animales, la llamada “sarna sarcóptica” del perro o del gato puede producir lesiones transitorias en humanos, pero el ácaro no se adapta bien a nuestra piel. Provoca picor y ronchas que suelen remitir cuando se trata al animal y se limpia el entorno.

Los hongos de la piel que sí se contagian

Los hongos cutáneos más habituales que pasan de animales a personas son los dermatofitos, responsables de la tiña. Se manifiestan como placas redondeadas, rojas en el borde y más claras en el centro, a veces con descamación y caída de pelo si afectan al cuero cabelludo.

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Gatos y perros, sobre todo cachorros y animales callejeros, pueden ser portadores aunque aparenten estar sanos. El contagio ocurre por contacto directo con el animal o con objetos contaminados (peines, mantas, camitas).

A diferencia de la sarna, los hongos sobreviven más tiempo en el ambiente, por lo que la desinfección es clave durante el tratamiento.

Mitos frecuentes

Una de las creencias más extendidas es que la sarna y los hongos solo aparecen en hogares “sucios” o en personas que no se cuidan. La evidencia muestra lo contrario: pueden afectar a cualquier nivel socioeconómico y a personas con buena higiene.

Lo que influye más es el hacinamiento, el contacto estrecho y en el caso de los hongos, la humedad y el calor.

Otra idea peligrosa es que basta con una crema de corticoides para “apagar” cualquier erupción. En infecciones por hongos, los corticoides sin antifúngicos pueden empeorar el cuadro y enmascarar los síntomas, retrasando el diagnóstico.

También es mito que “si mi perro tiene sarna, toda la casa está infestada”: con tratamiento veterinario adecuado y limpieza básica, el riesgo se reduce drásticamente.

Cómo protegerse y cuándo acudir al médico

Ante picor intenso nocturno, lesiones que afectan a varias personas en la misma casa, o manchas redondeadas que se expanden pese al uso de cremas hidratantes, conviene consultar con un médico o dermatólogo. El diagnóstico suele ser clínico, a veces apoyado en raspados de piel o cultivos.

El tratamiento de la sarna incluye lociones o cremas acaricidas para todo el cuerpo, aplicadas a todos los convivientes, aunque no tengan síntomas, y lavado de ropa de cama y prendas en contacto directo. En el caso de los hongos, se usan antifúngicos tópicos u orales y se trata también al animal si es la fuente.

La prevención pasa por revisar a las mascotas con el veterinario, evitar compartir toallas, peines o prendas íntimas, secar bien los pliegues tras la ducha y no automedicarse con cremas “milagro” sin diagnóstico.

Entre el miedo exagerado y la indiferencia hay un punto medio: informarse, consultar a tiempo y seguir los tratamientos completos para cortar la cadena de contagio.