Cómo se producen y por qué pasan desapercibidas
Las uñas de las mascotas crecen de forma continua. En animales que caminan poco sobre superficies abrasivas, viven mayormente en interiores o tienen poca actividad, el desgaste natural disminuye.

En gatos, además, las uñas son retráctiles y el crecimiento puede notarse menos a simple vista. Con el tiempo, la uña se curva, presiona la almohadilla y puede perforarla.
El riesgo aumenta en animales mayores, con sobrepeso, con problemas articulares (que limitan el movimiento), o en aquellos con uñas oscuras, donde es más difícil calcular el largo adecuado de corte.
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Señales de alarma en casa
El cuadro puede manifestarse con cojera intermitente, lamido persistente de una pata, rechazo a que le toquen los dedos, mal olor, enrojecimiento o inflamación.
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En casos más avanzados, puede aparecer secreción, sangre o una herida visible en la almohadilla. A veces la única pista es un cambio de carácter: irritabilidad o menos ganas de jugar.
Cuando el problema se complica
Una uña clavada actúa como una “astilla”: abre una puerta de entrada para bacterias. La infección puede extenderse a la piel circundante (celulitis), formar abscesos y generar dolor que altera la marcha, aumentando el riesgo de caídas o lesiones adicionales.

En mascotas inmunosuprimidas o con enfermedades crónicas, las complicaciones pueden ser más severas.
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Prevención y qué hacer si sospechás una
La medida más efectiva es el recorte regular de uñas, con una frecuencia ajustada a cada animal.
Revisar las patas —incluyendo el espolón en perros, que no siempre se desgasta— ayuda a detectar uñas curvadas o demasiado largas antes de que lesionen la piel.
Si observás una uña incrustada, herida, pus, mal olor o cojera marcada, lo recomendable es acudir al veterinario: puede requerirse extracción segura, limpieza profunda, control del dolor y, en algunos casos, tratamiento antibiótico.
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Intentar “arrancarla” en casa puede empeorar la lesión o provocar sangrado.
La buena noticia es que, detectadas a tiempo, las garras encarnadas suelen resolverse sin secuelas. La mala: pueden avanzar en silencio.
Un chequeo rápido de patas puede evitar un problema grande.
