El frío no afecta igual a todos: un galgo, un chihuahua o un perro con poca grasa corporal suelen necesitar más abrigo que un nórdico de doble manto. También influyen la edad, enfermedades (como artrosis o problemas cardíacos) y la humedad, que “roba” calor corporal.
La clave es prevenir sin sobreproteger: un perro incómodo por calor también lo pasa mal.
1) Una cama bien aislada: el calor empieza desde el suelo
Las superficies frías conducen el calor fuera del cuerpo. Conviene elevar la cama unos centímetros, sumar una manta gruesa y elegir un sitio sin corrientes (lejos de balcones, puertas o ventanas mal selladas).

Si tiende a acurrucarse, una cama tipo “cueva” puede ayudar; si es mayor, mejor una base firme y acolchada para articulaciones.
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2) Abrigo, sí; pero del tamaño correcto
Los abrigos funcionan especialmente en perros de pelo corto, delgados o convalecientes. Deben cubrir pecho y lomo sin apretar axilas ni cuello, y permitir movimiento normal.

Señales de que molesta: se queda rígido, se rasca, evita caminar o intenta quitárselo. En casa, mejor no usarlo todo el día salvo indicación veterinaria.
3) Paseos más cortos, mejor planificados
En días fríos y ventosos, priorizá salidas breves y activas. Evitá quedarse quietos mucho tiempo (plazas húmedas, paradas largas) y elegí horarios con algo de sol.

Los temblores persistentes, la apatía o el dolor al caminar pueden indicar que el frío está afectando más de lo esperado.
4) Patas protegidas: el punto olvidado
El suelo helado o productos químicos irritan almohadillas. Al volver, limpiá con agua tibia y secá bien, también entre los dedos.
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Si hay grietas, consultá por bálsamos específicos. Las botitas pueden ser útiles, pero requieren adaptación gradual para que el perro no camine “como robot”.
5) Calor seguro en casa: sin atajos peligrosos
Mantas térmicas y bolsas de agua caliente solo si están diseñadas para mascotas y con supervisión: el riesgo de quemaduras existe, incluso con calor “moderado”.
Mejor apostar por calefacción estable, mantas secas y acceso a agua (el aire caliente reseca). En nutrición, no aumentes raciones “por el frío” sin evaluar actividad: el sobrepeso empeora articulaciones y tolerancia al ejercicio.
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Si aparecen encías pálidas, debilidad marcada, desorientación o temblores que no ceden, es motivo para consultar de urgencia: podrían ser signos de hipotermia u otro problema médico.
