El virus que aisló a Paraguay y que todavía hoy impone restricciones

Hace un año, cuando apenas se anunciaban los primeros casos de covid-19, el país decidió aplicar estrictas medidas sanitarias para evitar la propagación comunitaria. Muchas de esas restricciones impuestas por Salud Pública y el gobierno nacional continúan vigentes y controlan la economía de un pueblo ahogado en deudas.

Los militares y la fiscalía refuerzan los controles en las distintas entradas de la capital. Recuerdan  que no se puede viajar sin constancia laboral.
Los militares y la fiscalía reforzaron los controles en las distintas entradas de la capital en los primeros meses de cuarentena en los que solo se podía salir con constancia de trabajo.Archivo, ABC Color

A pesar de los controles instalados en las principales entradas al territorio, el 7 de marzo se reportó el primer infectado del virus en Paraguay, y cuatro casos más apenas tres días después. Posteriormente, el 20 de marzo, el Ministerio de Salud Pública (MSPBS) reportaba el primer fallecido por la enfermedad además del primer caso comunitario, por lo que junto con el gobierno nacional decidieron activar -mediante el decreto Nº 3.478- un plan de contingencia nunca antes visto, con estrictas medidas de control, principalmente en la libre circulación.

Fue así que a partir del 20 de marzo del 2020, se declaró al país en cuarentena total, prohibiendo en todo el territorio la libre circulación, la suspensión de clases presenciales y eventos, así como también el cese de actividades de comercios no esenciales. Además, también se prohibió el libre paso por las fronteras.

Las estrictas medidas aplicadas debían finalizar el 12 de abril, pero el incremento en las cifras de contagios sumado a los primeros decesos a causa del virus y el temor de un colapso del servicio sanitario, extendieron el aislamiento total hasta el 3 de mayo, fecha en que inició un periodo de “cuarentena inteligente”.

Fue así que el Plan de Levantamiento Gradual del Aislamiento Preventivo General, denominado habitualmente como “cuarentena inteligente”, inició al día siguiente, el 4 de mayo y dio paso al levantamiento de ciertas restricciones impuestas hasta ese momento y la habilitación de algunos escasos sectores económicos. Para ese momento, la ciudanía ya estaba cansada del encierro y agonizaba por la miseria en la que se había hundido el país por la imposibilidad de activar económicamente en casi todo tipo de actividad laboral.

El periodo -que fue dividido en cuatro fases- se inició bajo estrictas medidas sanitarias y de control, por lo que todavía se podía observar en las calles la custodia policial e incluso militar que solicitaba en los principales puntos de circulación documentos que respaldaran la circulación.

Durante esa primera fase, que rigió hasta el 21 de mayo, solo se dio el visto bueno al reinicio laboral en fábricas en general, obras públicas y civiles, prestadores de servicio en el local del cliente como masajistas, peluqueros, carpinteros, electricistas, abogados y similares, delivery de servicios de cobranza y actividad física individual.

El descontento ciudadano para ese momento ya alcanzaba los límites del disgusto, pues la falta de reactivación económica comenzaba a causar estragos en miles de paraguayos que, sin poder abrir sus negocios y sin sus fuentes de ingreso, se veían incluso en la necesidad de despedir a sus empleados.

La situación mejoró levemente para la segunda fase del periodo, que duró hasta el 11 de junio y que permitió la apertura de tiendas de hasta 800 m2, oficinas corporativas, deportes profesionales y eventos culturales sin espectadores. Sin embargo, la actividad económica seguía muy restringida y por sobre todo golpeada, ya que más de la mitad de los sectores económicos todavía no podían reactivar.

Además, hasta ese momento de la “cuarentena inteligente” solo se permitía la libre circulación entre las 5:00 y las 21:00 y los controles seguían siendo sumamente rigurosos, principalmente en los puntos de acceso y salida de la capital del país. Los trabajadores formales, por ejemplo, tenían la posibilidad de solicitar un comprobante laboral que les permitiera sortear los controles, pero aquellos informales o dueños de pequeños negocios seguían sumamente limitados y con miedo de ser arrestados o multados.

La apertura se fue ampliando en la tercera fase, que duró hasta el 19 de julio y permitió que reactiven sus locales aquellos negocios con más de 800 m2, así como también los espacios deportivos como gimnasios, academias y polideportivos toda vez que sea sin espectadores. Aunque hasta ese momento el gobierno nacional consideraba que las medidas aplicadas eran las más acertadas, el hartazgo de la población ya era noticia de todos los días y se hacía sentir cada vez con mayor fuerza.

Posteriormente, tras algunos días de postergación, la cuarta fase del plan se activó el 20 de julio en casi todo el país, menos en Alto Paraná, Asunción y Central, que en ese momento empezaban a mostrar índices altos de contagios. La decisión no fue recibida con entusiasmo; para ese momento, todo el país ya gritaba estar “muriendo de hambre” y exigía la urgente reactivación total del sistema.

Gobierno anunciaba cuarentena social

Durante este periodo apenas se dio la reapertura con limitaciones de hoteles y eventos sociales con no más de 20 personas, además de las reuniones religiosas con un máximo de 50 asistentes, dejando nuevamente el sinsabor en miles de paraguayos.

Finalmente, el 19 de setiembre -mediante decreto N° 4.066- se incluyó a Asunción, Central y Alto Paraná en las medidas de apertura de la fase 4, lo que de cierto modo fue bien recibido pero todavía con inquietud por la limitaciones establecidas. Durante todo este lapso, el país mantuvo la curva de contagios bajo control por varios meses, con pequeños picos de brotes a principios del mes de mayo en los albergues y a finales del mes de junio que fueron controlados.

También se detectó un pequeño brote que causó el retroceso a la cuarentena total en la ciudad de San Roque González de Santa Cruz, departamento de Paraguarí, así como en Concepción, por el aumento de contagios e hizo que estos se atascaran un mes más en la fase 2 de la “cuarentena inteligente”.

Cabe mencionar que durante este periodo, mientras la población general ya no soportaba más las medidas de encierro y la imposibilidad de trabajar, el país se destacó a nivel mundial por el control del avance del virus, que en aquel entonces todavía seguía representado -en la mayoría de los casos- por enfermos llegados del extranjero o contagiados en los albergues habilitados por el gobierno para el aislamiento obligatorio.

Actualmente y a un año de aquellos sucesos que marcaron el rumbo del país, algunas restricciones siguen vigentes, como la imposibilidad de circular de 00:00 a 5:00, la venta de bebidas alcohólicas en ese mismo horario, la restricción de participar de eventos sociales con más de 100 personas, la inhabilitación de playas y balnearios de varios departamentos del país entre muchos otros.

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