El fundamental cruce de llamadas del 31-M nunca fue investigado

El Ministerio Público nunca tuvo en cuenta el cruce de llamadas que reveló incesantes comunicaciones ya días antes del intento de enmienda constitucional forjada por el lugo-llanocartismo. En momentos clave, personas que nada tenían que ver con la cadena de mando mantuvieron conversaciones con jefes policiales incluso en el horario del ataque a la sede del Partido Liberal Radical Auténtico.

Efectivos de la Policía se concentran en amenazar a los liberales, mientras Rodrigo agoniza.
Efectivos de la Policía se concentran en amenazar a los liberales, mientras Rodrigo agoniza.

Allende todo lo que quedó registrado gracias a la cobertura periodística durante las jornadas del 31 de marzo y el 1 de abril de 2017, todavía queda un entramado de movimientos que se dieron tras bambalinas y que desembocaron en una de las mayores crisis políticas que se haya visto en Paraguay desde la caída de la dictadura.

Parte de ese entramado oculto vio la luz luego de que trabajos periodísticos revelaran el cruce de llamadas.

De acuerdo con los documentos abiertamente ignorados por la Fiscalía, el movimiento telefónico se inició ya el lunes 27 de marzo.

El flujo más intenso de llamadas se registró a lo largo de la jornada del 31 de marzo. El entonces comandante de la Policía, Críspulo Sotelo, comenzó a comunicarse con sus subalternos desde las 05:30.

A las 06:59 apareció el primer civil que nada tenía que ver con la cadena de mando que se comunicó con Sotelo ese día: Arnaldo Franco, secretario privado del expresidente Cartes. La llamada duró 64 segundos.

A las 09:30, aparece la primera llamada de la jornada de José Ortiz Escauriza, quien se comunicó con la senadora liberal Zulma Gómez.

En paralelo, Blas Llano realizó sus propios movimientos. A las 12:04, llamó a Robert Acevedo. El entonces presidente del Congreso se había negado a dar entrada siquiera al proyecto de enmienda y denunció que recibió amenazas por ello.

A las 13:00, la senadora Lilian Samaniego volvió a comunicarse con Críspulo Sotelo. La presencia policial en las inmediaciones del Congreso iba en aumento.

Samaniego volvió a llamar a Sotelo a las 14:20, poco antes de que se iniciara la sesión extraordinaria para aprobar la enmienda. Minutos después, a las 14:29 también lo llamó el senador Carlos Núñez, otrora camarada policía suyo y que también formó parte de la sesión a escondidas.

Desde antes de la sesión

Antes de iniciar la sesión clandestina en la oficina del Frente Guasu, a las 13:24, Blas Llano habló con el senador Cardozo. A esa hora se hablaba de que la enmienda sería tratada esa misma tarde o temprano en la mañana del sábado 1 de abril.

Eran las 15:30 y Sotelo se comunicó en dos oportunidades con el coronel Rubén Piris, jefe del gabinete militar de la Presidencia de la República. También habló con el senador liberal Fernando Silva Facetti, el entonces presidente de la Cámara Baja Hugo Velázquez, el senador colorado Carlos Núñez y hasta inclusive con el asesor Luis Canillas y la operadora llanista Basilisa Vázquez.

Entre las 16:27 y las 16:30, se realizó un incesante intercambio de llamadas entre Críspulo Sotelo y Luis Canillas, exasesor de la Entidad Binacional Yacyretá y amigo personal del expresidente Cartes. Una vez más, otro civil extraño a la cadena de mando apareciendo en momentos claves. Cuatro llamadas con un promedio de poco más de 20 segundos.

En las inmediaciones del Congreso, la presencia de manifestantes creció luego del escopetazo recibido por el diputado Édgar Acosta. También lo hizo el movimiento de llamadas desde y al teléfono asignado al comandante Sotelo.

Quince minutos después, asomaron los primeros incidentes y el diputado Édgar Acosta resultó brutalmente herido.

Desde ese instante, el celular de Sotelo fue bombardeado por llamadas. Lilian Samaniego, el coronel Rubén Piris, José Ortiz Escauriza fueron algunos de los que protagonizaron casi una decena de llamadas con el alto jefe policial en menos de diez minutos.

A las 16:54, José Ortiz llamó a Críspulo Sotelo desde la residencia presidencial de Mburuvicha Róga. A esa hora, el presidente Cartes también se encontraba allí.

Pasadas las 17:00, José Ortiz, Arnaldo Franco, secretario privado de Horacio Cartes, y nuevamente Luis Canillas llamaron al comandante; 17 minutos más tarde, fue el propio presidente Cartes el que conversó con Sotelo. También lo llamó el entonces viceministro de Seguridad Interna, Lorenzo Lezcano, a las 17:06.

Las llamadas continuaron, a pesar de que las corridas en las Plazas del Congreso se detuvieron momentáneamente. En medio de las protestas y tensiones, Ortiz tuvo tiempo hasta para hablar en varias ocasiones con el titular de la Sicom, Fabrizio Caligaris.

A las 18:28, mientras los manifestantes intentaban avanzar hacia el Congreso, el presidente Cartes llamó nuevamente a Críspulo Sotelo. El gerente de Tabesa, José Ortiz Escauriza, hizo lo propio a las 18:55.

Aproximadamente cinco minutos después de esa llamada, la Policía retrocedió, permitiendo así el ingreso de los manifestantes al Congreso. Ya con los manifestantes en el interior del Congreso, Sotelo volvió a llamar al presidente Horacio Cartes. Eran las 19:05.

También reaparecieron las llamadas con actores políticos, minutos antes de que iniciara el incendio del Congreso. A las 19:32 y las 19:33, Luis Canillas y Lilian Samaniego volvieron a llamar a Sotelo.

Darío Filártiga, otrora secretario privado del ministro del Interior de la dictadura, apareció en escena a las 19:44. Poco después Juan Carlos López Moreira, jefe del gabinete civil de Cartes también llamó a Sotelo y conversaron durante casi un minuto. Apenas segundos después, Filártiga volvía a llamar al comandante.

Minutos después, se desató una brutal represión en las inmediaciones del Congreso.

Blas Llano también mantuvo activa conversación a lo largo de esa noche. A las 22:32 llamó a Cartes, quien se encontraba todavía en Mburuvicha Róga. Una hora después, a las 23:31, Llano llamó al senador Carlos Amarilla, quien enseguida denunció amenazas.

El 31 de marzo se iba terminando y las conversaciones seguían entre Críspulo Sotelo y personas extrañas a la cadena de mando. Eran reiteradas las llamadas con José Ortiz Escauriza y Luis Canillas.

Llamadas desde el PLRA

El cruce de llamadas reveló además que el comisario Tomás Paredes Palma se mantuvo en sede de Investigación de Delitos hasta minutos antes de la medianoche. Cuatro minutos después de que se iniciara el nuevo día, se registra la primera llamada de Paredes Palma desde las inmediaciones del PLRA.

Apenas siete minutos antes, su jefe inmediato, el comisario Abel Cañete, conversó con el comandante Sotelo. Lejos de lo que afirmaron en algún momento, los altos mandos estaban en comunicación constante con quienes se dirigieron a la sede del partido opositor.

Casi en simultáneo a la primera llamada de Paredes Palma desde inmediaciones del PLRA, José Ortiz llamó a Críspulo Sotelo. Eran las 00:04

A las 00:07 del 1 de abril, el presidente Cartes recibió una llamada de Críspulo Sotelo. Instantes después, se perpetró el atropello a la sede del Partido Liberal y el asesinato de Rodrigo Quintana.

Cartes y su entorno también mantuvieron comunicación constante con el alto mando policial.

Tras el ataque, Sotelo habló en reiteradas ocasiones con José Ortiz. La primera llamada se produjo a las 01:13, minutos después del primer aviso vía frecuencia policial de lo que había ocurrido en el PLRA.

Antes, durante y después del atraco al PLRA que concluyó en la muerte de Rodrigo Quintana, en un lapso de dos horas, entre las 12 de la noche y las 2 de la madrugada del 1 de abril, el comandante Críspulo Sotelo mantuvo un total de 42 conversaciones telefónicas. Una vez, con Paredes Palma, 2 veces con Horacio Cartes, 5 llamadas con José Ortiz y 23 con Tadeo Rojas.

Cartes volvió a hablar con Sotelo a las 01:50:36. Fue una conversación de largos 156 segundos.

Temprano en la mañana, a las 06:19, Cartes volvió a llamar a Sotelo. Fue horas antes de la primera conferencia de prensa de la Policía al respecto de lo ocurrido en la fatídica madrugada, conferencia de prensa en la que comenzaron a tirar las primeras versiones y mentiras oficiales con respecto al atraco.

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