Richard, héroe de la mitología colorada

La reciente designación del operador colorado Richard Gómez como consejero de Conatel trae al tapete una de las facetas más lamentables de la política criolla: el reparto de cargos en base a “méritos” partidarios sin tener en cuenta criterios técnicos, profesionales y, menos aún, morales.

Gómez tiene hazañas en su dilatada carrera política que harían morir de envidia al rey Leónidas y a sus 300 espartanos o a Menelao, aquel que rescató a Helena de Troya.

Sin tanta mitología de por medio, la primera vez que se supo de este audaz dirigente republicano fue como fanático seguidor del Gral. Lino Oviedo. Cuando el exmilitar ganó la candidatura a presidente para las elecciones de 1998 (de la que luego sería apartado), Gómez apareció bailando sobre el techo de una camioneta junto a cientos de seguidores que festejaban el triunfo oviedista frente a la Junta de Gobierno de la ANR.

Tras el magnicidio del vicepresidente Luis María Argaña en 1999, el dirigente fue involucrado como parte de la conspiración para este crimen y pasó 8 meses en prisión. Recién en 2007 un tribunal lo absolvería de los cargos, quedando “limpio” de culpa y pena.

Posteriormente, allá por el 2002, fue inmortalizado en la tapa de un medio sensacionalista nuevamente bailando, en anatómico, latita en mano, sobre una camioneta, en el rally del Chaco. Luego de esta proeza, la investigación fiscal por exhibición obscena lo obligó a permanecer en la clandestinidad hasta que finalmente se avino a pagar la multa y su nombre quedó otra vez libre de culpa y pena.

Tras la expulsión del Gral. Oviedo de la ANR y la fundación de Unace, Richard prefirió quedarse en su partido original, donde tenía conchabo asegurado.

Durante la presidencia de Hugo Velázquez en la Cámara de Diputados, en 2014, el actual vicepresidente lo designó como director de la Comisión de Deportes de la Cámara Baja. Al asumir Pedro Alliana como presidente, lo apartó y lo dejó sin funciones, pero con salario.

Sin dudas, una de las grandes hazañas de Gómez se dio en la Convención colorada de octubre de 2016 cuando, a viva voz, pidió al entonces presidente Horacio Cartes que destituya a los ministros liberales Francisco de Vargas (Interior) y Santiago Peña (Hacienda). Este episodio motivó otra gesta no menor, de tintes mitológicos, cuando Peña, dejando la comodidad de un asado familiar y, rememorando la proeza de la batalla de Maratón, cruzó cerros y collados para llegar a la Junta de Gobierno y afiliarse al Partido Colorado.

La opinión pública volvería a escuchar de Gómez en 2019, cuando su nombre apareció como uno de los funcionarios de la Cámara de Diputados privilegiados, durante la gestión del acusado Miguel Cuevas, con un aumentazo que dejaba su sueldo en G. 28.889.980, que hasta ahora percibe.

Es difícil saber por cuáles de sus hazañas, Gómez, sin ningún título universitario, es privilegiado. La dirigencia que conoce “la realidad” partidaria, dirá que hizo “méritos” en la última elección, trabajando por la ANR.

De eso, tal vez, es de lo que habla el expresidente Horacio Cartes cuando dice que la gente se afilia a la ANR para tener un buen trabajo. Que eso signifique corromperse y exhibir los privilegios de unos pocos en detrimento de la mayoría, es un detalle accesorio, seguramente.

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