IPS: se operó del corazón, le amputaron ambas piernas y falleció por KPC

Por 45 días, Rodolfo y su familia padecieron las carencias y mala atención del Instituto de Previsión Social, que finalmente lo llevaron a la muerte. En el IPS, Rodolfo se sometió a una cirugía del corazón que se convirtió en un calvario. Tras su operación, le amputaron ambas piernas y falleció a causa de la infección hospitalaria KPC. Todavía muy golpeada por la pérdida, Karina, su esposa, relata lo que sufrieron en el Hospital Central del la previsional.

La última foto de Karina con su amado esposo, Rodolfo.
La última foto de Karina con su amado esposo, Rodolfo.

Rodolfo Santacruz falleció a los 52 años, luego de sufrir por 45 días un terrible calvario en el Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS), donde se sometió a una cirugía del corazón tras ser diagnosticado con una disección de aorta tipo A.

Aún muy shockeada por haber perdido a quien fue su compañero de vida por 33 años, Karina Galeano se animó a contar cómo fue que tras una cirugía que supuestamente salió bien, su marido perdió ambas piernas y falleció a causa de la infección hospitalaria KPC.

“Todo comenzó el 8 de marzo (2022). Mi marido tenía un problema de hernia que no era grave. No tenía pensado siquiera hacerse la intervención en el IPS; quería hacerlo en el Hospital de Clínicas. Como necesitaba unos estudios, al salir de su trabajo pasó por el IPS Ingavi, donde le pidieron otros estudios más”, recuerda Karina.

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Continuó diciendo que: “ese mismo día, un médico sin ninguna humanidad le comunicó a Rodolfo que debía someterse a una cirugía urgente, porque le dijo que de esa noche no pasaba”.

Con lágrimas en los ojos, siguió relatando que su marido la llamó llorando aquel día, pidiendo que su hijo lo espere en casa, porque quería despedirse de él.

Entre el shock del momento, en la noche de aquel fatídico día, Rodolfo y Karina acudieron al Hospital Central, donde comenzó la tortura de toda una familia.

El calvario de IPS

Karina cuenta que para una primera cirugía debía comprar una válvula de unos G. 30 millones más todos los insumos médicos; desde gasas hasta hilo de sutura.

“Pagué unos G. 6 millones por insumos gracias a un préstamo y se logró que la Diben nos facilitara la tan costosa válvula. Tras la cirugía del corazón, que se realizó el 10 de marzo y que supuestamente salió bien, Rodolfo nunca más despertó”, dijo Karina entre lágrimas.

Según cuenta, su marido debía despertar sin contratiempos, pero antes de las 72 horas volvió a pasar por otra cirugía y era mantenido bajo sedantes.

El 13 de marzo le comunican a Karina que su marido tenía neumonía y que sus riñones no respondían, por lo que debían comenzar a administrarle antibióticos más fuertes y practicarle diálisis.

“Rodolfo intentaba despertar, pero cada vez que le sacaban la sedación, todo en él se alteraba. Tuvo falla multiorgánica y le realizaban diálisis día de por medio. Además, comenzaron a darle Noradrenalina, supuestamente para el buen funcionamiento de su corazón”, recuerda.

Tras el correr de los días, el citado medicamento provocó que la circulación sanguínea se vea comprometida. A Rodolfo ya no le llegaba sangre a sus miembros inferiores.

El 30 de marzo, le informan a Karina que los pies de su marido debían ser amputados. Al día siguiente, a Rodolfo también le realizaron una traqueotomía.

La amputación de su pierna izquierda se realizó el 6 de abril, mientras que perdió la pierna derecha el 9 de ese mismo mes. Ambos miembros fueron cortados por debajo de la rodilla.

Tras esa terrible experiencia, Karina pensó que la pesadilla en la que estaba con su amado esposo, por fin acabaría. No obstante, los días fueron pasando sin que ella pudiera volver a ver la dulce mirada de Rodolfo.

El 14 de abril, pleno Jueves Santo, a Karina le dieron otra dura noticia: Rodolfo había adquirido la infección hospitalaria KPC (superbacteria Klebsiella Pneumoniae Carbapenemasa).

Fue así que el 21 de abril, luego de un terrible padecer, Rodolfo falleció en el IPS tras 45 días de una agónica internación.

No tengo consuelo, te busco y no estás. Extraño tu voz y mis cafés de las mañanas. El dolor que siento no va a sanar nunca”, dice parte del diario que escribió Karina durante esos terribles días.

“Prefiero morir dignamente en mi casa”

Además de llevar anotaciones diarias de todo lo que ocurría con su marido en el IPS, Karina también realizó un registro fotográfico de las penurias que pasan los asegurados en la previsional.

“La primera vez que vi a un personal de aseo realizando la limpieza fue a los ocho días de internación. En ese lugar (séptimo piso del área de cardiología) los familiares caminábamos sobre desechos hospitalarios. La limpieza la realiza el asegurado”, cuenta Karina.

Relata además que durante ese tiempo se vio obligada a comprar un sinfín de insumos básicos por los que gastó más de G. 30 millones y, que el trato en el IPS está lejos de ser cortés y humano.

Karina aporta al IPS hace 23 años por múltiples empresas, pero tras su terrible experiencia dice que prefiere “morir dignamente en su casa”, que ser atendida en la previsional.

“No puedo asegurar que lo que pasó con nosotros sea negligencia médica; tengo muchas dudas. Creo igual que mi experiencia puede servir para crear consciencia”.

Karina continuó diciendo que el IPS debe entender que “al asegurado de nada le sirve ver flores en el jardín, si no hay insumos y medicamentos, desinfectantes para la limpieza”.

Próximo domingo: “Infierno en el IPS”.

nadia.cano@abc.com.py

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