Ciudadanos que asistieron este martes a la Municipalidad de Luque, bajo la gestión del intendente Carlos Echeverría (ANR-cartista), denunciaron un caos total en la gestión de documentos. Los contribuyentes calificaron como un “calvario” los trámites para renovar o cancelar sus licencias de conducir. La falta de organización transformó una gestión obligatoria en una experiencia agotadora y sumamente frustrante para ellos.
Uno de los contribuyentes que reportó la situación, contó que acudió para cancelar una licencia para conducir motocicletas, requisito previo para obtener una licencia profesional. El denunciante contó que llegó a la comuna al rededor de las 9:30 de la mañana y se encontró con una multitud desorientada y sin ningún tipo de guía. El trámite finalizó cerca del medio día.
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“No había indicaciones de dónde teníamos que formar la fila y qué pasos a seguir. Formamos la fila y esperando como media hora por ahí”, dijo y contó que ni siquiera había un espacio para que los contribuyentes completen los formularios solicitados. “La mayoría llenaba solicitudes frente a la ventanilla y le hacía esperar a los que estaba detrás”, explicó.

Las condiciones de espera agravaron la situación. “El lugar donde estamos esperando no tiene ventilación, no hay aire ni nada, y había tanta gente que algunos esperaban sentados en el piso”, dijo el contribuyente. Este entorno precario convirtió el trámite, que incluyó un laberinto de múltiples filas para cada etapa del proceso, en una tortura física para los contribuyentes que abarrotaban las instalaciones de la comuna.
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Pura burocracia
Otro contribuyente que asistió a renovar su licencia contó que el calvario fue mucho peor. Primero, dijo, debían formar fila para la solicitud, luego para el examen de vista y oído en otra ventana diferente. Tras esto, se requería otra fila para obtener un código de pago y una más para la toma de fotografía. Esta fragmentación excesiva del trámite fue el motivo principal por el cual los ciudadanos perdieron medio día de trabajo.
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Aunque los funcionarios alegaban problemas técnicos, los afectados aseguraron que la burocracia extrema era el problema real de fondo. En varios casos, el retraso se debió a que los certificados requerían la firma de algún director municipal. Los ciudadanos percibieron que las excusas sobre el “sistema lento” eran solo para calmar el enojo de la gente desesperada.

Los contribuyentes lamentaron haber perdido más de cuatro horas en gestiones que deberían ser rápidas y sobre todo eficientes, de no ser por la dependencia excesiva de procesos manuales y firmas jerárquicas, que ralentizan todo el circuito administrativo.
Costos
En cuanto a los costos, los ciudadanos se sorprendieron con montos elevados que superaban ampliamente las expectativas iniciales de pago. Una cancelación, que en principio costaba G. 40.000, llegó a los G. 220.000 debido al cobro de perforaciones impagas de años anteriores.
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Por su parte, la renovación de la licencia de conducir representó un gasto cercano a los G. 250.000. Estos valores, sumados a la pésima atención, generaron un profundo descontento económico en los contribuyentes de la ciudad.
