La polución sonora vuelve a estar en el centro de la polémica en San Bernardino, esta vez con un rostro concreto: una mujer embarazada que, junto a su familia, sufre noches sin descanso debido a las fiestas que se realizan en el barrio Jardín, en pleno casco urbano de la ciudad.
La familia, que prefirió mantener su identidad en el anonimato, denunció que el ruido constante proviene principalmente de la discoteca Zolara, instalada en la zona, donde actualmente también funciona el local nocturno Amelia.
Según relataron, la música a alto volumen se extiende durante horas de la madrugada y la mañana, generando un ambiente insalubre y perjudicial, especialmente para una mujer en estado de gravidez.
Del anfiteatro al barrio: el ruido no desapareció
El conflicto se da en un contexto de contradicciones municipales. El intendente Emigdio Ruiz Díaz (ANR) había justificado en su momento el traslado de las discotecas del Anfiteatro “José Asunción Flores” hacia las denominadas zonas mixtas, asegurando que la medida buscaba preservar la tranquilidad del área del anfiteatro.
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Sin embargo, esa decisión derivó en reiteradas quejas de numerosas familias que hoy denuncian ser las nuevas víctimas de la polución sonora, sin que existan controles efectivos ni soluciones concretas.
Paradójicamente, pese a que se aseguró que el anfiteatro quedaría libre de fiestas nocturnas, anoche se realizó un evento de gran magnitud, con la presentación por primera vez en el país de la DJ y productora italiana Deborah De Luca, en el marco de la fiesta Ologram, realizada justamente en ese espacio.
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Promesas, silencios y falta de control
Según lo informado oficialmente, en el predio del Anfiteatro José Asunción Flores este año solo debían operar los restaurantes Diablada y Lomitería Hesu, sin discotecas. El propio intendente había señalado que en 2023 se acordó con los locales de la movida nocturna un permiso por dos años, tras lo cual debían trasladarse a zonas mixtas.
Esa explicación fue brindada en la única ocasión en que Ruiz Díaz accedió a hablar con ABC Color sobre el conflicto. Posteriormente, dejó de atender llamadas y no volvió a ofrecer aclaraciones públicas, pese a los reclamos tanto de vecinos como de empresarios afectados.
En aquel momento, el jefe comunal tampoco supo precisar qué ocurriría finalmente con los locales nocturnos y se limitó a señalar que “analizaría la situación”, algo que, según denuncian los vecinos, nunca ocurrió.
Incluso llegó a afirmar que el traslado de las discotecas no afectaría económicamente a la ciudad, argumentando que San Bernardino ya había progresado gracias al auge inmobiliario.
Una política que traslada el problema
Mientras tanto, en el barrio Jardín la realidad es otra. Los vecinos aseguran que el ruido constante ya afecta la salud, la convivencia y la calidad de vida, y cuestionan una política municipal que, lejos de resolver el problema de la polución sonora, terminó trasladándolo a zonas residenciales, exponiendo incluso a mujeres embarazadas a un entorno perjudicial.
La situación deja al descubierto una gestión marcada por anuncios que no se cumplen, falta de controles y un silencio que agrava el malestar ciudadano, en una localidad que vive del turismo, pero donde el derecho al descanso sigue sin encontrar respuesta.
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