La vida del señor Víctor Duré (72) pende de un hilo y de la burocracia del Instituto de Previsión Social (IPS), presidido por el doctor Jorge Brítez, Tras sufrir un infarto la semana pasada, el asegurado fue trasladado de urgencia al Hospital Central, donde los médicos emitieron una indicación clara: requiere ingreso inmediato a la Unidad de Terapia Intensiva (UTI).
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Sin embargo, a pesar de que su corazón funciona apenas a un 32% de su capacidad, el hospital se declara de manos atadas. La respuesta institucional es tan repetitiva como letal: no hay camas terapizadas disponibles.
Sus familiares, en medio de la angustia y el clamor, denuncian que cada minuto de espera reduce las posibilidades de supervivencia de paciente.
Millonario gasto en “modernización” que no llega a los pacientes críticos
La semana pasada, el IPS anunció con bombos y platillos una inversión de US$ 3 millones para fortalecer las cirugías cardiovasculares. En publicaciones realizadas por el IPS destacaron que la inversión es para modernizar y fortalecer el Servicio de Cirugía Cardiovascular “el más grande del país, para mejorar la calidad de atención, la seguridad de los pacientes y la capacidad de respuesta ante casos complejos”.
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Sin embargo, el caso del señor Duré desnuda -una vez más- el colapso del sistema del seguro social, donde los aportes de toda una vida no garantizan el soporte vital básico en el momento más crítico.
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En los últimos días, varios casos similares se dieron a conocer en medio de la indignación por la muerte de Braulio Vázquez, quien requería de un cateterismo urgente que no se pudo hacer debido a la falta de insumos y, porque los equipos quirúrgicos requeridos estaban inoperativos.
El señor Hermenegildo Ríos, paciente del Hospital Central del IPS, es otro caso que genera profunda preocupación debido a la demora para la realización de un cateterismo, el mismo procedimiento que no se le practicó a tiempo a Braulio Vázquez.
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Otro caso denunciado en los últimos días es el de Irma Pineda, una enfermera jubilada, internada en grave estado en el Hospital Central. La paciente también debió esperar demasiado tiempo por una cama de terapia intensiva y, debido a la falta de insumos y medicamentos en el IPS, los gastos de bolsillo realizados por sus familiares ya superan los G. 30 millones.
