“Hemos salido de nuestros cuarteles…” la proclama del 2 y 3 de febrero fue escrita a lápiz de color libertad

William Wilka sostiene un lápiz bicolor, mostrando que eligió el color azul, el de la libertad, para esbozar la proclama libertaria que el Gral. Andrés Rodríguez leyó y se emitió por radio aquel 2 y 3 de febrero de 1989.
William Wilka sostiene un lápiz bicolor, mostrando que eligió el color azul, el de la libertad, para esbozar la proclama libertaria que el Gral. Andrés Rodríguez leyó y se emitió por radio aquel 2 y 3 de febrero de 1989.Pedro Gonzalez

La histórica proclama del 2 y 3 de febrero de 1989, que anunció el fin de la dictadura del Gral. Alfredo Stroessner, no fue redactada en una oficina oficial ni con grandes protocolos. Unos sostienen que quien la escribió fue Luis María Argaña, otros, que un connotado diplomático paraguayo. William Wilka, entonces campeón nacional de tiro e instructor de tiro de precisión de los militares, cuenta en realidad cómo se dieron las circunstancias

William Wilka, Billy para los allegados, habla con voz firme al teléfono… del otro lado se percibe una voz femenina… intuimos, por lo que dice él en la conversación, de que se trata de Raquel Marín, viuda del Gral. Lino César Oviedo (+), activo partícipe del Golpe de Estado que derrocó al Gral Alfredo Stroessner el 2 y 3 de febrero de 1989.

¿Por qué el nombre de William Wilka, un civil, resuena en los ecos de la gesta que derrocó a la dictadura? Wilka - responde- forjó una relación con los altos mandos a través de la enseñanza. Era un instructor de élite en el entonces Colegio Militar Mcal. Francisco Solano López, en la Caballería y en el Comando Logístico. Entre sus alumnos se encontraba, justamente Lino Oviedo, así como Santiago Zaracho y el Almirante López Moreira, entre otros.

Cuando había competencias, ellos querían ganar”, dispara Wilka, mientras verbaliza sus recuerdos tras su escritorio cubierto de vidrio templado, con papeles, carpetas y libros de un lado y lapiceros del otro. Esa cercanía fue la que le llevó a participar en reuniones estratégicas meses antes del Golpe, trabajando con oficiales de distintos rangos desde agosto de 1988.

En ese marco dice haber liderado, meses antes, el entrenamiento en neutralización a oficiales en el uso de tanques con munición reducida para “asegurar la precisión” durante el levantamiento.

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William Wilka rememora la gesta del 2 y 3 de febrero desde su oficina.
William Wilka rememora la gesta del 2 y 3 de febrero desde su oficina.

Un lápiz azul libertad en el medio de la noche

Tras meses de preparación, llegó finalmente la noche de la Candelaria y el operativo fue desplegado en diversos puntos de la capital. Cuando todo estaba en marcha, pero Stroessner aún no se rendía, el Gral. Andrés Rodríguez llamó a Wilka al comando de operaciones -recuerda el tirador de precisión-.

“Fue en la oficina de comunicaciones del C3 (Comando de Caballería)”, recuerda Wilka. Se encontraba a solas con Rodríguez y en ese momento le dijo palabras más palabras menos, “Billy, tiene que haber una proclama que vamos a pasar por radio, para que la gente sepa”. Así comenzó un improvisado brain storming en el que Rodríguez le “dictó” sus sentimientos y objetivos: “mantener la amistad con los aliados, respetar acuerdos, liberar a los presos políticos y reestablecer la libertad de prensa”.

Con esas ideas en la cabeza, y sin una máquina para escribir, Wilka arrancó una hoja de papel de cuaderno y un lápiz de color, de esos que tienen dos colores en cada extremo, y eligió el azul y echó mano a los esbozos mentales de Rodríguez, no había tiempo que perder, porque eran los golpistas o los stronistas.

Para William Wilka, el lápiz bicolor tiene un gran significado.
Para William Wilka, el lápiz bicolor tiene un gran significado.

Wilka empuñó el lápiz que corría al tiempo de sus pensamientos… la luz de la oficina, por estrategia, era escasa lo que aumentaba la dificultad de escribir. De esa noche, entre el nerviosismo, la incertidumbre y la determinación salió la siguiente proclama que la ciudadanía escuchó por la única radio que en ese momento estaba en funcionamiento y que estaba tomada ya también por los golpistas:

“Queridos compatriotas, apreciados camaradas de las Fuerzas Armadas, hemos salido de nuestros cuarteles en defensa de la dignidad y el honor de las Fuerzas Armadas, por la unificación plena y total del pluralismo en el gobierno, por la iniciación de la democratización del Paraguay, por el respeto a los derechos humanos, por la defensa de nuestra religión cristiana, católica, apostólica, romana, eso son lo que yo les estoy ofreciendo con el sacrificio del soldado paraguayo, a nuestro querido y valiente y noble pueblo paraguayo. Y espero que los camaradas de las Fuerzas Armadas me acompañen en estas circunstancias, porque estamos defendiendo una causa noble y justa, que le da un gran beneficio de nuestro heroico y noble pueblo paraguayo. ¡Gracias!

El escrito, aunque tenía algunos errores de concordancia, fue el hilo del cual se asieron los oprimidos que luego llenaron las calles de la ciudad ya, en un día como hoy, 3 de febrero de 1989.

Más allá de la pluma: El papel de Wilka en la confrontación

Sin embargo, Wilka no solo fue “el escribiente” de la revolución; tuvo una participación operativa arriesgada en el corazón del conflicto. Durante la noche del golpe, estuvo en un helicóptero sujeto a un arnés para cumplir misiones de neutralización. Su tiro certero dejó sin energía eléctrica al cuartel de la Escolta Presidencial, punto crucial de defensa de Stroessner.

De acuerdo a Wilka, Andrés Rodríguez (der) también deseaba que volvieran los exiliados a Paraguay, como el caso de Augusto Roa Bastos (izq).
De acuerdo a Wilka, Andrés Rodríguez (der) también deseaba que volvieran los exiliados a Paraguay, como el caso de Augusto Roa Bastos (izq).

También patrulló frente al Batallón Escolta en su propio vehículo. En un momento crítico logró pasar un retén militar haciendo cambios de luces y tocando la bocina, engañando a los guardias quienes pensaron que venía de la propia Escolta. Su camioneta terminó con múltiples impactos de bala recibidos en la zona de las calles España y General Santos.

Pero la tarde antes de partir hacia lo desconocido, Wilka mantuvo el secreto absoluto, incluso ante su esposa, Carmen. Para protegerla a ella y a sus cuatro hijos, tomó medidas de precaución extremas. La Excusa: Le dijo que saldría un momento con el Coronel Luis Ocampo “tomar un chop” al local Caballito Blanco, a pocas cuadras de su casa en el centro de Asunción.

“Ella me dijo que iría conmigo, pero le dije que era un ratito nomás y que ya volvía”. Mintió. En la casa, dejó una carta, dinero en efectivo y pasajes para que ella y sus hijos, previendo la necesidad de una huida de emergencia si el golpe fracasaba. Ya luego, por teléfono, Wilka le dio instrucciones precisas: colocar los colchones contra las puertas y paredes de delante de la casa, cerrar todas las puertas, no abrir a nadie y refugiarse en las habitaciones traseras de la casa con los niños.

Al día siguiente, cuando un vehículo militar llegó a su casa para buscar su traje para la ceremonia de juramento de Andrés Rodríguez, su esposa se desmayó al ver la camioneta de Wilka acribillada, pensando que él había muerto

El caso de Wilka nos muestra que los cambios históricos a veces recaen sobre los hombros de individuos inesperados. Un civil movido por la amistad y la pericia técnica, terminó redactando con un simple lápiz azul las palabras que desmantelarían décadas de autoritarismo. Su historia subraya que la libertad no solo se gana con tanques, sino también con la convicción de quienes, aun arriesgando su seguridad familiar, se atreven a escribir un nuevo destino para su país.