El Instituto de Previsión Social (IPS), que debería ser una garantía de atención médica digna para el trabajador, se ha transformado en una carrera de obstáculos por la supervivencia. El Hospital Central, su mayor servicio a nivel nacional, atraviesa una crisis de gestión y de recursos que golpea con especial crueldad a los pacientes que, tras años de descuentos mensuales, terminan mendigando una cama.
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Un recorrido realizado por ABC TV puso en evidencia una realidad asfixiante en el seguro social, presidido por Jorge Brítez. El servicio de internación se declara saturado; los asegurados esperan días enteros hacinados, en sillas o camillas improvisadas de Urgencias, mientras que en los mismos pasillos del Hospital Central se observa una contradicción dolorosa: camas en desuso o completamente herrumbradas.
La agonía por una cama de terapia
La situación en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) es crítica. Los familiares relatan esperas de hasta una semana para acceder a un lugar vital. Sin embargo, conseguir la cama no garantiza el final del drama. Una vez dentro, se deben enfrentar millonarios gastos de bolsillo debido a la falta de insumos y medicamentos y, los riesgos de infecciones intrahospitalarias, como la bacteria KPC.

“Los médicos nos dijeron que ella (paciente) debía estar aislada, pero lo que nosotros vemos es que solo está aislada del cuidado, aislada de los medicamentos”, lamentó la madre de una asegurada que esperó seis días por una cama de terapia, solo para ser derivada prematuramente a Clínica Médica porque “alguien más necesitaba el lugar”.
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Entre el alta forzada y el abandono
La presión por “liberar espacio” ha generado un nuevo foco de conflicto. Familiares denuncian que en el hospital intentan enviar a los pacientes de vuelta a sus hogares incluso cuando estos no están en condiciones de recibir cuidados ambulatorios.
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Un familiar cuestionó la orden de alta para su padre, quien sufrió un accidente cerebrovascular, no despierta y depende de una sonda gástrica. “No tenemos la infraestructura para atenderle, pero ellos quieren mandarle a la casa”, denunció.
Desde la Dirección de Asistencia Social del IPS, María Arce señaló que el hospital enfrenta un dilema complejo y afirmó que existe un incremento de adultos mayores con criterio de alta cuyos familiares se niegan a retirarlos. Según ella, permanecer en el hospital cuando ya se tiene indicación de asistencia ambulatoria, representa un riesgo de sobreinfección para estos pacientes.
Un sistema quebrado
El déficit de camas es solo la punta del iceberg. Los asegurados reportan una lista de carencias que vuelve imposible una atención médica básica. Denuncian la crónica falta de medicamentos e insumos quirúrgicos, lo que obliga a las familias a realizar gastos de bolsillo adicionales. A esto se suman las largas esperas para cirugías y para diagnóstico crítico, por el déficit de especialistas o la falta de mantenimiento de los equipos biomédicos.

El caso de Víctor Duré, un paciente cardíaco que ingresó el sábado último a Urgencias del Hospital Central y requería de una cama UTI debido a que su corazón se estaba apagando, pero debió esperar cuatro días para tener un lugar, es solo uno de los cientos de casos.
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Pese a que el seguro social debería ser un respaldo para cientos de paraguayos, tras años de aportes mensuales, el trabajador descubre con dolor que, al llegar la enfermedad crítica, el IPS solo le devuelve desidia en lugar de la atención digna por la que pagó por adelantado.
