El padre Marciano Toledo evocó con nostalgia los tiempos en que la cuaresma se vivía de manera profunda y silenciosa. “Antes, la cuaresma era un momento de silencio, de verdadera reflexión. No había espectáculos públicos ni ruidos que distrajeran del espíritu de penitencia. La gente se acercaba a los templos, caminaba con devoción, rezaba, meditaba sobre su vida y sobre Dios. Cada gesto, cada acto, estaba cargado de sentido”, indicó el sacerdote con los recuerdos que aún laten en su memoria.
“Se percibía una calma especial en las calles, como si todo invitara a la introspección. Las familias compartían su fe en pequeños encuentros, y los corazones se abrían a la espiritualidad de manera sincera. Era un tiempo en que la fe se sentía en cada paso, en cada oración, y en el silencio mismo que acompañaba a la comunidad”, agregó, dejando entrever la emoción de quien añora una tradición que marcó generaciones.
“Antes era una cuaresma que se sentía en cada rincón: en el silencio de los templos, en las familias reunidas en oración, en la manera de vivir con moderación y respeto. Todo parecía invitarnos a mirar hacia adentro, a conectarnos con lo espiritual”, relató.
Hoy, explicó, la Cuaresma se vive de manera distinta. “La modernidad trajo nuevas formas de celebrar: hay actividades culturales, encuentros públicos, incluso espectáculos que acompañan la preparación para la Pascua.
“No se pierde la esencia, pero el silencio y la sobriedad de antaño ya no son los mismos. La fe sigue presente, pero se expresa de otra manera, más abierta, más compartida”, reflexionó.
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No perder la conexión con Dios
A pesar de los cambios, padre Toledo hizo un llamado a no perder lo más importante: la conexión con Dios y el tiempo de introspección que invita la cuaresma. “Que en Semana Santa cada uno encuentre su momento de silencio, aunque esté rodeado de ruidos o multitudes. Que este tiempo nos recuerde que no es solo abstenerse de ciertos actos, sino abrir el corazón, reflexionar y renovar nuestra fe”, enfatizó.
“Que esta cuaresma nos permita recuperar un poco de aquel silencio, de aquella paz interior que tantas veces olvidamos, y que cada acto de fe sea una semilla que transforme nuestro corazón y nuestra comunidad”, concluyó con emoción, dejando un mensaje que invita a la reflexión y al recogimiento.

Recuperar el sentido de la Semana Santa
Dionisia Arguello, caacupeña, recuerda que desde hace años acude junto a su familia a participar de las celebraciones en la Basílica de Caacupé, especialmente durante la Semana Santa, una de las fechas más significativas para los fieles.
Como laica, comparte una reflexión sobre cómo se vivía antes este tiempo tan importante para la fe cristiana:
“Como laicos, estamos llamados a dar testimonio con nuestra vida, ayudando a que la Semana Santa recupere su verdadero sentido: encontrarnos con Cristo vivo y dejar que transforme nuestra vida. Según mi opinión y en base a lo que recuerdo de mi infancia, antes se vivía con más recogimiento y silencio; hoy, aunque muchos la seguimos viviendo con fe, para otros se ha vuelto más un tiempo de descanso. Aun así, hay esperanza en muchas comunidades, y muchos jóvenes buscan vivirla con mayor profundidad”.
Su testimonio refleja una mirada nostálgica, pero también esperanzadora, sobre la vivencia de la fe en la actualidad.

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La Cuaresma comenzó el miércoles 18 de febrero con la imposición de la ceniza y culminará al caer la noche del 2 de abril, Jueves Santo de 2026 (En este conteo no se considera los domingos). El rezo del vía crucis es una de las celebraciones más tradicionales de este tiempo litúrgico.

