En el marco de la discusión legislativa sobre el proyecto de ley que busca restringir el acceso de menores las redes sociales, Miguel Ángel Gaspar fue enfático al señalar que la primera línea de protección de los menores no debe ser el Estado, sino la familia. Según explicó, la llamada “patria potestad” obliga a los padres a supervisar y regular el uso de tecnologías por parte de sus hijos.
“El problema no es solo si se prohíbe o no, sino que los padres deben asumir su rol. Si no lo hacen, es negligencia”, afirmó.
No obstante, aclaró que no está de acuerdo con que una ley sustituya completamente esa responsabilidad, aunque sí considera necesario generar mecanismos que obliguen a los adultos a involucrarse más activamente.
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Riesgos invisibles: datos y metadatos
Gaspar advirtió que muchos padres desconocen los riesgos asociados al uso cotidiano de redes sociales. Explicó que al compartir fotos o videos no solo se transmite contenido visible, sino también información oculta, como metadatos.
Estos datos pueden incluir ubicación geográfica y otros patrones de comportamiento, lo que —según el especialista— expone a los menores a riesgos innecesarios.
“Los padres deben entender que están poniendo en manos de sus hijos herramientas que pueden revelar incluso dónde viven”, subrayó.
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Impacto en el desarrollo infantil
Otro de los puntos críticos mencionados fue el efecto de la sobreexposición digital en el desarrollo cognitivo. Gaspar hizo referencia al proceso de “poda sináptica”, clave en la infancia, y advirtió que el uso excesivo de plataformas como YouTube desde edades tempranas puede afectar la capacidad de comprensión, imaginación y aprendizaje.
Según indicó, esta situación ya se refleja en dificultades dentro del sistema educativo, donde algunos niños presentan problemas para leer, interpretar o expresar ideas.
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Plataformas diseñadas para generar adicción

El especialista también apuntó contra el modelo de negocio de las redes sociales, al señalar que existen evidencias de que estas plataformas fueron diseñadas para generar adicción.
Afirmó que, más allá de la recolección de datos, estos sistemas utilizan información emocional —captada incluso a través de cámaras— para recomendar contenidos y maximizar el tiempo de uso.
“Es un producto pensado para adultos, no para niños”, remarcó.
Padres sobrepasados y presión social
Gaspar reconoció que muchos padres se encuentran desbordados, ya sea por desconocimiento, presión social o hábitos adquiridos durante la pandemia, como la hiperconexión.

Indicó que uno de los argumentos más extendidos —el de que los niños son “nativos digitales”— es erróneo. “Son seres humanos que necesitan acompañamiento, no tecnología sin control”, sostuvo.
Falta de datos y respuesta institucional
El experto también cuestionó la falta de estadísticas fiables en Paraguay sobre casos de ciberbullying y delitos digitales que afectan a menores.
Mencionó que, mientras en algunas aulas se detectan decenas de casos, los registros oficiales reportan cifras muy inferiores. Además, alertó sobre la escasez de peritos especializados para atender denuncias.
En ese sentido, propuso que antes de avanzar con regulaciones, se genere una base de datos nacional que permita dimensionar el problema con precisión.
