La doctora española María José Diez lidera la restauración del Templo de San Buenaventura de Yaguarón, cuya estructura necesitaba una urgente intervención ante los daños por termitas y el paso del tiempo.
“Toda persona que ha entrado a esta sacristía ha sentido algo especial; es un lugar que tiene una espiritualidad fuera de lo normal”, expresó la especialista, quien sostuvo que conoció la iglesia en el año 2004 y ahora es un orgullo para ella formar parte de su restauración.
Un dato que mencionó es que los trabajos son fruto de una intensa lucha impulsada por los yaguaroninos, quienes exigieron que cualquier intervención se realizara bajo los más altos estándares técnicos, aunque esto se dificultaba por licitaciones que “iban cayendo” a lo largo de los años.
“La zona más urgente de intervenir es la sacristía, por más de que el templo necesite también la intervención”, precisó.
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Equipo “fuertemente local”
El proyecto se ejecuta mediante una estructura de tres niveles operativos: directivo, técnico y de alta calificación especializada. Sin embargo, entre estos, uno de los aspectos más destacados es que existe un “fuerte componente local”.
“Son yaguaroninos formados a través de cursos de capacitación con el apoyo de la cooperación española”, destacó la restauradora.

Asimismo, a pesar de los daños sufridos por el tiempo y el kupi’i el valor artístico del lugar se mantiene intacto, ya que el retablo de la sacristía es considerado una obra que “sorprende muchísimo” y fue creada por el maestro portugués José de Souza.
“Este retablo sorprende muchísimo, impacta, realmente una se queda fascinada por esta obra maestra. Es un retablo absolutamente portugués en el corazón de la corona española; lo hace muy único al templo de Yaguarón”, detalló.
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“No tocar más”
Otro punto sobre las obras es que intervenir un edificio monumental que está sostenido por ocho pilares principales de madera requiere extremo cuidado y en caso de encontrar algo estable, se evita reemplazar.
Por esto, el desmontaje es considerado el último recurso posible y debe estar siempre “muy justificado”, ya que uno de los objetivos es conservar la mayor cantidad de piezas originales posibles y solo hay reemplazos cuando el deterioro compromete de manera crítica la estabilidad física del templo.

“No desmontar nada más; alguna vez tiene que quedar algo en Paraguay sin desmontar para que las generaciones futuras conozcan las cosas. Lo último que se tiene que hacer es desmontar, tiene que estar muy justificado. No tocar más de lo que ya está tocado”, mencionó.
La expectativa de culminación es para enero del 2027 para mostrar al templo “a todo el Paraguay”, aunque las personas interesadas igual pueden acudir al lugar durante el proceso de restauración del templo que data del siglo XVIII, del 1755 al 1772 aproximadamente.
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