Cada 25 de junio, Paraguay se viste de letras para conmemorar el Día del Libro Paraguayo, fecha que recuerda la culminación de la primera obra literaria escrita por un autor nacido en estas tierras, Ruiz Díaz de Guzmán, en 1612.
Sin embargo, más allá de la efeméride, la industria editorial local se enfrenta a un escenario complejo y en constante transformación.
Si bien autores consagrados como Augusto Roa Bastos y Elvio Romero mantienen una vigencia indiscutible, son las obras que abordan nuestra historia, desde la Guerra de la Triple Alianza hasta relatos sobre las residentas, las que lideran las preferencias del público local.
Los lectores paraguayos buscan, ante todo, textos que conecten con su identidad como nación.
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La digitalización ha cambiado las reglas del juego. Mientras que en los hogares se sigue inculcando el hábito de la lectura física desde la niñez, los jóvenes reconocen una desconexión con los libros tradicionales.
“Es más fácil leer a través de Internet”, admiten muchos, quienes consumen fragmentos o textos breves en redes sociales antes que enfrentarse a un libro completo.
El panorama para quienes desean iniciarse en la escritura no es sencillo. El renombrado escritor Bernardo Neri Farina advierte que, más allá del talento y la disciplina, pasos fundamentales que él resume en leer mucho, practicar la escritura y tener vocación, el factor económico es la gran barrera.
La falta de fondos estatales para apoyar a los nuevos talentos obliga a muchos a costear sus propias ediciones, un proceso a menudo prohibitivo.
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A pesar de los desafíos, el mercado editorial muestra signos de resiliencia. Contrario a lo que se pensaba con la llegada de lo digital, el volumen de publicaciones físicas ha crecido, llegando a registrarse entre dos y tres lanzamientos diarios.
Existe un mercado, pequeño pero vital, que sigue apostando por la tinta y el papel, manteniendo viva la tradición literaria paraguaya en un mundo cada vez más digitalizado.