A la intemperie, junto al fuego y lejos de una educación de calidad

En la intemperie, junto al fuego y lejos de una educación de calidad
En la intemperie, junto al fuego y lejos de una educación de calidad.Omar Acosta

SAN PEDRO. Estudiantes de la comunidad de Potrero Naranjo reciben clases a la intemperie tras la clausura de aulas con riesgo de derrumbe, una situación que refleja la grave crisis de infraestructura escolar y el abandono estatal. Para soportar las bajas temperaturas juntan leña y encienden fogatas mientras esperan una solución.

En la Escuela Nuestra Señora de Guadalupe y el Colegio Nacional de Potrero Naranjo, la clausura de aulas deterioradas deja a estudiantes sin espacios adecuados para aprender. La medida adoptada por el Ministerio de Educación, lejos de resolver el problema, obliga a los alumnos a desarrollar las clases al aire libre o, en algunos casos, a permanecer cerca de estructuras consideradas peligrosas.

En medio de una jornada marcada por el intenso frío, los propios estudiantes recolectan leña y hacen fogatas para poder estudiar. La comunidad educativa insiste en que la única solución es la construcción urgente de nuevas aulas.

“Está por caer toda la construcción, hace frío y damos clases afuera. Ya no da gusto estudiar así y lo peor es que no nos hacen caso. Ojalá nos vean las autoridades y nos den una solución”, expresó la estudiante Anahí Bogado, del primer curso, al describir la difícil realidad que enfrentan diariamente.

Estudiantes de la comunidad de Potrero Naranjo reciben clases a la intemperie tras la clausura de aulas con riesgo de derrumbe
Estudiantes de la comunidad de Potrero Naranjo reciben clases a la intemperie tras la clausura de aulas con riesgo de derrumbe

El director del colegio, Nery Valenzuela, lamentó que las respuestas oficiales se limiten a clausurar aulas sin ofrecer alternativas reales. Señaló que las clases se desarrollan sin pizarras, con muebles deteriorados y en condiciones precarias. “Hace frío, vienen pocos alumnos y los que llegan deben juntar leña y hacer fogatas para poder estudiar. Estamos muy lejos de una educación de calidad”, afirmó.

El docente también denunció la falta de apoyo de las autoridades y recordó que la institución fue construida por los propios padres de familia. Hace más de tres años la comunidad viene solicitando la construcción de nuevas aulas, mientras organiza actividades como ventas de comidas para cubrir necesidades básicas. Las lluvias y el mal estado de los caminos agravan aún más la situación.

En la escuela ubicada en el mismo predio, el panorama no es diferente. Los antiguos pabellones, levantados con apoyo de productores ganaderos, también fueron clausurados debido a fisuras y al riesgo de derrumbe, dejando a los niños sin espacios seguros para desarrollar las actividades escolares.

Obra de exintendente

La indignación crece porque una obra de nuevas aulas quedó abandonada pese a haber sido pagada en su totalidad durante la administración del exintendente Gustavo Rodríguez. La comunidad denuncia que la paralización sería consecuencia de presuntos hechos de corrupción y exige una investigación, además de la culminación inmediata de la construcción.

Mientras tanto, docentes y padres improvisan apuntalamientos para sostener los techos y evitar accidentes, aunque advierten que el peligro persiste y que los reclamos continúan sin respuestas efectivas por parte de las autoridades competentes.

Cada vez que llueve, las clases deben suspenderse por falta de condiciones mínimas de seguridad, lo que afecta el desarrollo del calendario escolar y limita el acceso de los estudiantes a una educación continua.

La comunidad educativa de Potrero Naranjo convive diariamente con el riesgo de derrumbes, el frío y la precariedad, una realidad que mantiene a niños y jóvenes estudiando en la intemperie, junto al fuego y cada vez más lejos de una educación digna y de calidad.