El murmullo de los visitantes se convirtió en silencio. Las miradas se concentraron en los jóvenes que, vestidos como soldados, mujeres y pobladores de aquella época, comenzaron a recrear una historia que Piribebuy se niega a olvidar.
A orillas del arroyo Piribebuy, cerca del puente de madera que une los barrios Santa Ana y Virgen del Rosario, unos 300 estudiantes y jóvenes actores dieron vida este sábado a distintos pasajes de la Batalla de Piribebuy, en una emotiva puesta en escena que recorrió el centro de la Ciudad Heroica y varios de sus sitios históricos.
La actividad se realizó en el marco de los 157 años de la Batalla de Piribebuy, librada el 12 de agosto de 1869, y se convirtió nuevamente en un encuentro entre el presente y el pasado. Durante el recorrido se habilitaron ocho postas, en las que estudiantes de distintas instituciones educativas representaron escenas vinculadas con la batalla y sus consecuencias.
Familias enteras llegaron desde diferentes ciudades como Altos, Eusebio Ayala, Luque, San Lorenzo y Caacupé. Pero la convocatoria fue aún más allá de las fronteras: también estuvieron presentes visitantes provenientes de Argentina y Nueva York, quienes se sumaron a esta jornada de memoria y homenaje.
Entre el público había familias, adultos mayores, niños y jóvenes que siguieron cada escena con atención. En varios momentos, los aplausos se mezclaron con las lágrimas, especialmente cuando los estudiantes representaron el sufrimiento de la población y el sacrificio de quienes defendieron la ciudad.
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Jóvenes que se pusieron en la piel de la historia
Uno de los protagonistas fue Robert Casco, alumno del Colegio Nacional, quien representó al teniente coronel Pedro Pablo Caballero, comandante de la defensa de Piribebuy.
El joven expresó su orgullo por formar parte de esta representación y resaltó la importancia de que las nuevas generaciones conozcan el pasado de su comunidad.
Para Robert, representar a uno de los principales protagonistas de aquella jornada no fue solamente una actuación. Fue una forma de acercarse a la historia y transmitirla a quienes observaban desde las calles.
También participó Yelani Notario, alumna del Colegio Nacional, quien interpretó a una de las heroínas de la batalla.
La joven contó que participar de la actividad le permitió valorar aún más el papel que desempeñaron las mujeres durante aquella época, especialmente por la manera en que enfrentaron el dolor y lucharon por sus familias.
“Veo las caras de los padres que lloran al ver nuestra actuación y eso también nos emociona”, expresó.
Los jóvenes coincidieron en la importancia de mantener viva la memoria histórica y transmitirla a las nuevas generaciones.
Porque para ellos, la representación no consiste simplemente en aprender un guion o vestir un uniforme de época. Es intentar comprender, aunque sea por unos minutos, el dolor, el miedo, el coraje y el sacrificio de quienes vivieron aquellos acontecimientos.

Ocho postas para recordar
El recorrido histórico incluyó ocho postas instaladas en lugares vinculados con la historia de la batalla.
Uno de los puntos fue el sector del antiguo Hospital de Sangre, donde la recreación recordó uno de los episodios más dolorosos de la jornada.
Los visitantes fueron avanzando de una escena a otra mientras los jóvenes actores recreaban distintos momentos de la defensa de la ciudad, permitiendo que la historia saliera de los libros y volviera a las calles de Piribebuy.

La representación estuvo cargada de dramatismo y realismo. Los estudiantes recrearon la resistencia de los defensores y también el sufrimiento de las familias que quedaron atrapadas en medio de la batalla.
El público acompañó cada posta con respeto y, en varios momentos, con fuertes aplausos.

Una batalla marcada por el sacrificio
La Batalla de Piribebuy ocurrió el 12 de agosto de 1869, durante la Guerra de la Triple Alianza, cuando Piribebuy había sido convertida en capital provisoria de la República.
La defensa de la ciudad fue encomendada al teniente coronel Pedro Pablo Caballero, quien estuvo al frente de unos 1.600 defensores, entre soldados, mujeres y niños.
Enfrente se encontraba un ejército aliado que superaba ampliamente en número a los defensores y que contaba con una importante fuerza de artillería.
En las primeras horas del 12 de agosto, la ciudad quedó completamente rodeada. Los aliados intimaron a los defensores a entregar las armas, pero Caballero decidió resistir.
La negativa dio paso a un intenso bombardeo sobre Piribebuy. Luego comenzaron los sucesivos ataques contra las posiciones paraguayas.
Los defensores resistieron mientras pudieron. La enorme diferencia numérica y militar, sin embargo, terminó imponiéndose.
La población civil también participó de la defensa. La historia recuerda que, ante la falta de armamento suficiente, los paraguayos recurrieron a distintos elementos disponibles para resistir el avance enemigo.
La lucha llegó incluso hasta el interior de la iglesia de Piribebuy, mientras numerosos habitantes quedaron atrapados en medio de la tragedia.
Uno de los episodios más dolorosos fue el incendio del Hospital de Sangre, donde se encontraban heridos y personas que los asistían.
La caída de Piribebuy quedó grabada como uno de los capítulos más sangrientos de la Guerra de la Triple Alianza.
Una memoria que cruza fronteras
A 157 años de aquella batalla, la historia volvió a recorrer las calles de Piribebuy, pero esta vez de la mano de sus jóvenes.
La presencia de visitantes que llegaron desde otras ciudades del país y de compatriotas provenientes de Argentina y Nueva York demostró que la memoria de la Ciudad Heroica continúa viva incluso lejos de sus calles.
Para quienes viven fuera del país, volver a Piribebuy y participar de una actividad que recuerda a sus antepasados representa también un reencuentro con sus raíces.
Mientras finalizaba el recorrido, los jóvenes actores recibieron los aplausos de los visitantes y el reconocimiento de sus familiares. Algunos se abrazaron después de culminar sus actuaciones. Otros recibieron felicitaciones entre lágrimas.
Y entre el público, más de una persona no pudo contener la emoción. Porque en Piribebuy la historia no solamente se estudia. Se recuerda, se representa y se siente.
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