San Pedro y el calvario de las rutas: entre la impotencia ciudadana y la desidia de las autoridades

Vehículos varados, productores imposibilitados de comercializar sus cosechas y estudiantes que no pueden llegar a las instituciones educativas forman parte de una realidad marcada por la precariedad
Vehículos varados, productores imposibilitados de comercializar sus cosechas y estudiantes que no pueden llegar a las instituciones educativas forman parte de una realidad marcada por la precariedad.Omar Acosta

SAN PEDRO. En el departamento de San Pedro transitar se ha convertido en un verdadero calvario. Las rutas pavimentadas están destruidas y los caminos rurales se encuentran prácticamente intransitables, generando enormes dificultades para miles de pobladores.

El segundo departamento del país atraviesa una de las peores crisis viales de los últimos años. La población, cansada de reclamar y presentar pedidos a las instituciones responsables, recurre incluso a colectas comunitarias y mingas para realizar reparaciones provisorias en los caminos.

En varias ocasiones se han organizado movilizaciones y protestas sobre las rutas, pero las respuestas continúan siendo promesas que no se traducen en soluciones concretas. Mientras tanto, los ciudadanos siguen transitando por vías que se asemejan a un verdadero viacrucis.

La situación también afecta a la estratégica Ruta PY22, obra que debe unir San Pedro con Concepción y que actualmente se encuentra estancada. Los trabajos avanzan lentamente debido a problemas relacionados con la liberación de franjas de dominio, conflictos administrativos y retrasos en los pagos a empresas contratistas. Como consecuencia, son los pobladores quienes sufren las secuelas de la paralización de la obra.

La impotencia ciudadana y la desidia de las autoridades se han convertido en elementos permanentes del paisaje sampedrano.
La impotencia ciudadana y la desidia de las autoridades se han convertido en elementos permanentes del paisaje sampedrano.

En la zona de Piri Pucú, distrito de San Pedro de Ycuamandyyú, los pobladores permanecen prácticamente aislados tras cada lluvia. Camiones volcados, extensos barriales y profundas huellas dificultan la circulación. En muchos sectores, solo es posible desplazarse utilizando tractores, vehículos 4x4 o incluso caballos, evidenciando el abandono de una región que reclama respuestas urgentes.

Ante la falta de soluciones, los pobladores vuelven a autoconvocarse a través de las redes sociales para organizar nuevas movilizaciones, denunciando el abandono total en el que aseguran vivir. La indignación crece a medida que las condiciones de transitabilidad empeoran y las respuestas oficiales siguen sin llegar.

Camión Scania rojo en un camino rural con baches y vegetación a los lados, sin personas visibles.
Un camión Scania transita por el deteriorado asfalto de la Ruta PY08 en San Pedro.

El mismo panorama se repite en prácticamente todos los caminos rurales del departamento de San Pedro. Comunidades enteras enfrentan dificultades para acceder a servicios básicos, trasladar productos o llegar a centros de salud y a instituciones educativas, especialmente durante los días de lluvia.

Las rutas pavimentadas tampoco escapan a la crisis. La PY22, la PY08 y otros tramos presentan un avanzado deterioro, con innumerables baches y sectores en pésimas condiciones. Los trabajos de reparación son lentos y, en muchos casos, el deterioro reaparece poco tiempo después de las intervenciones. Esta situación ya ha provocado accidentes de tránsito, algunos de ellos con consecuencias fatales.

Mientras tanto, los municipios y la Gobernación se ven sobrepasados por la magnitud del problema, y la presencia del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) es considerada insuficiente por los pobladores. Con maquinarias obsoletas y recursos limitados, los funcionarios intentan atender las demandas de una red vial que requiere inversiones urgentes y sostenidas.

La crisis vial de San Pedro no solo afecta la movilidad, sino también el desarrollo económico, social y educativo de todo un departamento. Cada día de inacción profundiza el aislamiento de las comunidades y aumenta el sentimiento de abandono de una población que exige obras concretas y respuestas inmediatas.